FEBRERO 2008





 

VIDA SANA
Texto: Constanza Gechter / Fotos: Victoria Gradín
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Mamás canguros
Afuera de la incubadora, los bebés prematuros se hallan en contacto con la tibia piel de sus mamás, que los sostienen la mayor cantidad de horas posible para que evolucionen más rápido.

Cuando un bebé nace antes de los nueve meses, tiene dificultad en alcanzar la temperatura corporal deseada y se lo suele colocar en una incubadora. Como complemento a la tecnología, hay experiencias en el mundo entero en las que la madre actúa como una especie de estufita para mantener estable la temperatura de su hijo.

La versión argentina se lleva a cabo en el Hospital Zonal General de Agudos Magdalena V. de Martínez, de General Pacheco, y está dando resultados maravillosos. Las llaman “mamás canguro”, y son unas tres o cuatro al mes. Como los canguros, mantienen a sus bebés prematuros en permanente contacto piel a piel, fomentando, así, su crecimiento. “A los niños de muy bajo peso al nacer, con menos de 1.500 gramos, se los coloca en contacto piel a piel con la madre tan pronto como sea posible, previa confirmación de que su estado clínico es bueno. La mamá mantiene continuamente a su hijo en posición vertical debajo de su ropa y directamente entre sus senos”, describe la médica neonatóloga Liliana de Salvo, impulsora de la experiencia en este hospital, quien trabaja con el apoyo de la doctora Alejandra Fontao, directora de la institución.

Primero, por necesidad
Todo empezó en Colombia, en el Instituto Materno Infantil de Bogotá, como respuesta al hacinamiento constante y pobre equipamiento de su servicio de prematuros, cuya consecuencia era una mortandad infantil extremadamente alta. Entonces, un grupo de médicos decidió dejarlos en los brazos de sus madres como último recurso: apoyados en todo momento piel a piel a la altura del pecho para que permanecieran calentitos e, incluso, para alimentarlos, estos bebés evolucionaron mejor que los que habían quedado en las pocas incubadoras que había. El sistema “mamá canguro” recibió luego el apoyo de organismos internacionales como UNICEF y la OMS, y comenzó a estudiarse científicamente para llegar a la conclusión de que cuanto más tiempo de contacto piel a piel tenían los pequeños, más rápido evolucionaban y mayor peso alcanzaban.

La doctora de Salvo destaca no sólo que la vasodilatación de la zona de contacto aumenta la temperatura y permite al pequeño estabilizar la suya, sino que “la proximidad con su madre, sus caricias, la voz y los latidos cardíacos de la mamá, esos que escucha desde que se le formó el oído, también son considerados elementos importantes en la estimulación de la respiración del niño, evitándose de este modo las apneas”.

Pero lo que es más importante aún, el contacto estimula un lazo emocional más estrecho y fuerte entre la mamá y su hijo prematuro. “En nuestro Servicio de Neonatología atendemos unos 3.500 partos por año, de los cuales un 10% es de bebés prematuros que tienen entre 28 y 30 semanas de vida, y muchos de ellos de madres adolescentes que suelen tener poco compromiso con sus recién nacidos”, cuenta la doctora Liliana de Salvo. Dice que cuando les proponen aplicar el Cuidado Madre Canguro, que implica estar la mayor cantidad de horas posible junto a su bebé e incluso que vivan en el hospital en una sala acondicionada para ellas contigua al servicio de neonatología, muchas rechazan la idea y otras reaccionan positivamente. Con las que deciden quedarse junto a sus hijos durante los casi dos meses promedio que lleva hasta que puedan ser dados de alta, la doctora siente “estar dando vuelta la página”. “Les fomentamos el apego y, al hacerlas estar junto a su prematuro, logramos que se comprometan más”, resalta. Aunque la educación de la madre y la vigilancia de la salud del niño sigue a cargo de enfermeras neonatólogas, psicólogas, y médicos del servicio, el contacto con la madre es continuo desde una etapa precoz. Ellas terminan poniéndose la camiseta día y noche –literal y metafóricamente–, por el bien de sus hijitos y el de ellas mismas.

Una anécdota reciente que emocionó muchísimo a la doctora fue la reacción de los padres de esos chicos, que manifestaron estar celosos porque no existían los “padres canguro”. ¿Por qué no?, pensó de Salvo, y ahí nomás consiguió camisetas canguro para los padres, que no podían contener su alegría durante el tiempo que experimentaron lo que sus parejas viven a diario. Y aunque ninguno reemplaza nunca la incubadora del todo, los cuidados madre y padre canguro resultaron ser beneficiosos para todos.

Más información
mamascanguros@yahoo.com.ar

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