Carla Gómez Alonso diseña jardines psamófilos que respetan la identidad natural de la costa, recuperando especies adaptadas al entorno y creando espacios sustentables de bajo mantenimiento.

En Costa Esmeralda, donde la arena, el viento y la vegetación autóctona son protagonistas, los jardines empiezan a pensarse desde otra mirada: no como una transformación del paisaje, sino como una forma de acompañarlo.

La paisajista Carla Gómez Alonso trabaja hace varios años desarrollando jardines psamófilos, una propuesta basada en plantas adaptadas a suelos arenosos, especies nativas y naturalizadas que conviven en equilibrio con el ecosistema costero.

“Buscamos generar una transición de los jardines tradicionales hacia jardines de arena, respetando las características propias del lugar”, explica Carla. La clave está en comprender que el suelo arenoso, aunque parece inerte, tiene una gran capacidad de drenaje y funciona como una verdadera esponja natural.

Por eso, uno de los principales objetivos es no impermeabilizar el terreno y mantener esa permeabilidad que permite que el agua de lluvia sea aprovechada por las plantas. En este tipo de jardines, el pasto tradicional deja de ser protagonista para dar lugar a una vegetación más adaptada, que necesita menos agua y requiere un mantenimiento más consciente.

Durante la primera etapa de crecimiento, los jardines cuentan con un sistema de riego controlado que acompaña el proceso de adaptación de las especies. Con el tiempo, una vez consolidadas, muchas de estas plantas pueden desarrollarse prácticamente con el agua de lluvia, reduciendo el consumo y fortaleciendo su relación con el entorno.

El resultado son espacios naturales, cambiantes y llenos de vida, donde la belleza aparece en equilibrio con el paisaje original. Jardines que no buscan imponerse sobre la naturaleza, sino formar parte de ella.

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