De chico, en el colegio siempre lo eligieron para los papeles de humor y nunca les hizo asco. Y desde que se volvió fanático de Seinfeld, la serie yanqui que la rompió en los noventa, el tipo supo que lo suyo iba a ser el stand up. Después de remarla fuerte hasta encontrar su lugar, Mike Chouhy hoy la descose llenando teatros con sus monólogos y extirpando carcajadas a más de doscientos mil seguidores en Instagram.
Texto: Juampi Pizarro · Fotos: Rosario Lanusse
Cuando salí de casa para venir a hacer la nota, tuve que decirle a mi hijo que me iba al almacén a comprar queso cremoso para las pizzas. Desde que me confirmaron a Mike Chouhy hace un par de semanas, el pibe me pidió, me rogó, me suplicó que lo dejara acompañarme. Estaba regalado. Pude haberle pedido cualquier cosa a cambio, como cortar el pasto o lavar el auto todo el año, pero la maniobra extorsiva no habría estado del todo alineada con la educación que busco darle a mi familia.
Apenas me asomo al jardín de Altamira que elegimos para encontrarnos con Mike, entiendo que el fanatismo de mi hijo no es un caso aislado: unos veinte adolescentes esperan ansiosos la llegada de este comediante que la viene rompiendo en el teatro y en Instagram. Todos quieren la selfie con su ídolo para sumar porotos en las redes sociales.
Casi al mismo tiempo que yo, puntual, Mike aparece tímido por la puerta que da al jardín y se arma un remolino a su alrededor. Quince minutos es lo que tardamos en dejar el área libre de fans, y nos ubicamos al borde de la laguna para un mano a mano que promete.
De Manhattan a Buenos Aires sin escalas
A Mike, el bicho de la actuación le picó bien de chico. “En el colegio siempre me elegían para hacer los papeles graciosos. Nunca actué de nada serio. La gente me veía sobre el escenario y ya sabía que la cosa venía con chiste”. Uno de sus grandes inspiradores fue Seinfeld, protagonista de una de las series más populares de la TV norteamericana en los años noventa. Seinfeld es un comediante que hace monólogos en clubes nocturnos de Manhattan, en los que el eje está en la parodia de hechos cotidianos. “Es una especie de mentor para mí. Desde la primera vez que lo vi, supe que el stand up sería lo mío”. Con la idea fija en la cabeza, en 2012 Mike se anotó en un curso de stand up. Para esa época ya había estudiado Administración de Empresas y hacía laburo de oficina. “Cuando terminé el curso empecé a buscarme lugares para actuar de noche. Arranqué en un bar que está en San Isidro, Rockeat, donde cada miércoles hacía un monólogo introductorio y luego les daba espacio a comediantes que yo mismo traía de otros lugares. Empecé también a dirigir comedia musical en algunos colegios: los sábados en una obra de ex alumnos y los jueves a la tardecita en otro grupo del centro. Así, lo artístico iba ocupando cada vez más de mi tiempo”.
Videos en Instagram y de cabeza al stand up

Poco lugar para la improvisación
“En los asados con mis amigos soy aburrido”. Apenas escucho la definición, tajante y categórica, entiendo que ya no tengo que pensar un título para esta nota. Mike me lo acaba de servir en bandeja. Y al toque me cuenta que una vez un amigo salió por primera vez con una chica y la invitó a su show. Murieron de risa los dos. A la salida del teatro la chica le pidió conocer a Mike en un asado porque no podía creer la onda que tenía. Su amigo frunció la cara y le cambió de tema. El encuentro nunca se concretó. “Soy gracioso cuando interpreto un guión pensado y practicado. En mis actuaciones hay poco lugar para la improvisación. Soy muy estructurado: pienso el chiste y después busco la mejor manera de interpretarlo. Si me ves actuar dos veces la misma obra, vas a descubrir gestos idénticos porque está todo guionado a partir de cosas que me pasaron. En cada una busco aspectos concretos de la experiencia y la mejor manera de transmitirlo. Por eso me resulta difícil actuar una anécdota que le pasó a otro. Quizás vos venís, me la contás, me resulta muy cómica, pero yo no la puedo actuar porque no me pasó a mí”.


Un cartel en el horizonte
“Quiero seguir laburando de lo que me gusta: la actuación. El número vivo en el teatro es lo que mueve al resto. Quiero seguir haciendo videos porque es la manera de que más gente me conozca y después venga a verme al teatro. Sanata Stand Up tiene cuerda para rato. En cinco años me gustaría seguir estando en cartel”.
En la calle es otra historia
“En la calle es muy loco lo que me pasa. La gente que me conoce, me conoce mucho porque me tiene todos los días en su celular. Los que no me siguen, en cambio, no tienen ni idea de quién soy. Y la verdad es que muchas veces no sé cómo reaccionar cuando me reconocen, sobre todo cuando no me dicen nada y se me quedan mirando, como esperando que yo diga algo”.
Por casa cómo andamos
“A mis viejos les encanta lo que hago y no dejan de sorprenderse cuando me paran en la calle para sacarse una foto. Cuando empecé con stand up en el bar, les pedía a mis amigos y familiares que invitaran gente, necesitaba llenarlo lo máximo posible, mendigaba público. Y entonces ahora cuando van quinientas personas a verme, mi mamá me dice ‘¡y no son amigos tuyos!”.
Yogurísimo de sí mismo
“Las marcas me buscan, pero no quiero hacer más de un video por mes. Los videos tienen que ser orgánicos, no tan comerciales, como el de Yogurísimo. Fui yo el que les planteó hacer una parodia a una novela venezolana y tomarme un yogur en el medio. Fue algo bizarro, ridículo y fue justamente eso lo que generó una repercusión tremenda. Después de eso me pidieron tres videos nuevos”.

