Claudio Lazzari, biólogo, profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Tours, Francia, y director general científico de San Isidro Delta School, reflexiona sobre la importancia de estimular la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de hacerse preguntas desde la infancia.

¿Por qué nos pican los mosquitos? Ante una pregunta como esta, un adulto podría responder rápidamente que los mosquitos hembra necesitan sangre para desarrollar sus huevos. Pero ¿qué pasaría si, en lugar de dar la respuesta, invitáramos a un chico a pensar por sí mismo? ¿Por qué un mosquito necesitaría picar? ¿Qué podría estar buscando?

Para Claudio Lazzari, ese pequeño cambio en la manera de enseñar puede marcar una gran diferencia. Porque aprender no consiste solamente en incorporar información o memorizar datos, sino en desarrollar un proceso de pensamiento que permita explorar, formular hipótesis y llegar a conclusiones propias.

La curiosidad como punto de partida

El interés de Claudio por la ciencia nació durante su infancia, cuando pasaba mucho tiempo solo, jugando y haciendo pequeños experimentos. Esa curiosidad por descubrir cómo funcionaban las cosas fue creciendo hasta convertirse en una vocación que hoy combina la investigación, la docencia y la divulgación científica.

Transmitir conocimientos es una de sus grandes motivaciones. Pero hacerlo no significa simplemente explicar conceptos complejos, sino encontrar la manera de despertar el interés de quien escucha.

En ese sentido, recuerda una idea del físico Richard Feynman: si no podemos explicar algo complejo de manera sencilla, quizás todavía no lo comprendemos del todo.

Acercar la ciencia a los chicos implica, entonces, dejar de presentarla como algo lejano o difícil y convertirla en una experiencia cotidiana. Observar lo que sucede a nuestro alrededor, hacerse preguntas y animarse a buscar respuestas son prácticas que pueden estimularse desde muy pequeños.

Aprender a preguntar, investigar y cuestionar

El valor de este enfoque va mucho más allá del aula. La capacidad de pensar críticamente es una herramienta fundamental para desenvolverse en la vida cotidiana.

Cuando escuchamos una noticia o vemos a un influencer afirmar algo, podemos aceptar esa información sin cuestionarla o detenernos a pensar: ¿es cierto?, ¿por qué lo dice?, ¿cuál es la fuente?, ¿cómo puedo verificarlo?

Ese ejercicio de análisis y búsqueda es parte del aprendizaje científico. No se trata de desconfiar de todo, sino de mantener una actitud curiosa, abierta y reflexiva frente a lo que leemos, escuchamos y creemos.

En este contexto, Google y la inteligencia artificial ofrecen herramientas poderosas para acceder a información y resolver problemas. Sin embargo, contar con respuestas inmediatas no reemplaza la capacidad de evaluar si esas respuestas son correctas, identificar sus fuentes y reconocer posibles errores.

Por eso, uno de los grandes desafíos de la educación actual es acompañar a los chicos en el desarrollo de esa mirada crítica: enseñarles no solo a encontrar información, sino también a analizarla, contrastarla y comprenderla.

La ciencia como una manera de entender el mundo

La ciencia no es únicamente un conjunto de conocimientos acumulados. También es un método para investigar, revisar ideas y comprender mejor aquello que nos rodea.

Desde esta perspectiva, equivocarse, volver a preguntar y revisar una conclusión forman parte del proceso de aprendizaje. Incluso la propia ciencia cambia y se corrige a medida que aparecen nuevas evidencias.

Fomentar la curiosidad desde la infancia es, en definitiva, ofrecerles a los chicos herramientas para interpretar el mundo con mayor autonomía. No se trata de que memoricen todas las respuestas, sino de que aprendan a construirlas, a reconocer cuándo necesitan investigar más y a mantener vivo el deseo de descubrir.

Porque, muchas veces, el aprendizaje más valioso no comienza cuando alguien nos da una respuesta, sino cuando nos invita a hacernos una buena pregunta.


San Isidro Delta School | Villanueva

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