Entre hilos, géneros, estampados, mates y entusiasmo, en medio de una cuarentena interminable surgió Kairos, con el propósito de eternizar los momentos al aire libre. 

La adolescencia de Carolina y sus hermanos estuvo marcada por el trabajo con las manos. Tanto su madre como su abuela les inculcaron que las habilidades artísticas podían convertirse en un proyecto con salida laboral si apostaban en serio. El esfuerzo y la constancia de aquellos años tuvieron su recompensa décadas después, cuando una cuarentena puso un freno a casi todo el planeta y reinventarse, barajar y dar de nuevo en este escenario pasó a ser la mejor opción. Entre esas destrezas que aprendieron de chicos como cerámica, pintura, bijouterie, fue la costura la que los animó a cumplir el sueño de emprender en familia. 

Oriundos de Pinamar, este tiempo de aislamiento volvió a reunirlos en su lugar de origen. De nuevo en sus raíces, compartiendo tanto tiempo juntos, surgió la idea de poner esas competencias que traían desde chicos al servicio de un proyecto que les apasionara. Rememorar esa infancia en el mar, en los bosques hizo que todos coincidieran en que el eje principal debía ser productos que invitaran al contacto con la naturaleza. 

Tiempo adecuado y bien aprovechado

Un atardecer en la montaña, un amanecer en la playa, una mateada en el jardín. Con el foco puesto en hacer elementos y accesorios para disfrutar al aire libre, lanzaron Kairos (@kairos.pinamar), con el propósito de eternizar esos momentos de calidad compartidos en familia, con amigos o solos.

Una madre que aporta su pasión y talento por la costura; unas hijas que se encargan del diseño, el detalle y el cuidado de cada producto; un hermano que suma el diseño gráfico; y otros integrantes de la familia que colaboran con el trabajo de la madera. El trabajo en equipo, la oportunidad de encontrarse reunidos en familia en su lugar en el mundo y las ganas de poner el talento al servicio de emprender lograron darle forma y concretar este sueño.

Compañeros de experiencias

Que sean prácticos a la hora de transportar, limpiar y guardar fue una de las premisas que buscaban con sus productos. El primero en ver la luz fue la reposera que se pliega como un bolso para que sea fácil de llevar. Con estampados hechos a mano y de diseños propios, es un infaltable para cualquier escapada al aire libre. 

También cuentan con una línea de bolsitos hechos con géneros impermeables y estampados, y es su gran ilusión seguir sumando productos que acompañen esta línea, desde lo filosófico y desde la practicidad. Entre mates, costuras, charlas y mucho entusiasmo, se juntan en el garage familiar para darle rienda suelta a la producción.

Familia como guía

Estar atentos a la vida que va marcando el camino, es uno de sus lemas. Haber llegado hasta acá se lo deben al apoyo mutuo que se tienen y al acompañamiento con buen humor y muchas ideas de toda la familia. Además, el agradecimiento más grande es para Gonzalo, hijo de Carolina, que partió tempranamente al Cielo hace un año. Están seguros que él los protege y los guía, y es el motor que los mantiene con fe, esperanza y con la certeza de que la vida vale la pena vivirla. 

El otro gran gracias es para sus padres, que tallaron en ellos el valor de la unión familiar y del trabajo en equipo, y que eligieron el mejor lugar para vivir.

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