Larcio Langane es uno de los más de 19 millones de mozambiqueños que viven en la pobreza extrema. En un país donde más de la mitad de las personas no tiene acceso a agua potable, se sufre desnutrición crónica a gran escala y la esperanza de vida es de no más de cincuenta años, dos jóvenes decidieron que era hora de hacer algo con sus propias manos para cambiar las vidas de los suyos.

Esa sed por tomar cartas en el asunto trajo a Larcio y a Josías a la Argentina, donde la UCA les concedió una beca para realizar estudios universitarios. Llegaron hace un año sin saber ni una sola palabra de español, y a los pocos días ya se encontraban cursando las carreras de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas respectivamente.

“Yo vine a estudiar. Vine a prepararme durante cuatro años para volver a mi país y hacer todo lo posible para cambiar la realidad que se vive allá”, contó Larcio frente a miles de estudiantes de diecisiete años que lo escucharon con atención, hicieron preguntas y ovacionaron de pie en la 2ª edición de Human Camp Vocacional hace un par de meses.

Tanto Larcio como Josías conocieron de cerca la pobreza de la que Larcio habló. El aula de su escuela primaria no era más que un árbol en tierra seca, y vieron a seres queridos morir bajo pésimas condiciones de vida. Todas sus pertenencias entraban en una pequeña carry on. Pero eso no los achicó a la hora de aprender un idioma totalmente nuevo y empaparse de los libros universitarios.

El silencio mientras Larcio contaba su testimonio era absoluto. La emoción fue tomando presa a cada persona que lo escuchaba. Fuente de inspiración para todas las generaciones jóvenes. Raíz de esperanza para los adultos. Logró dar a todos dimensión de lo que cada uno puede hacer desde su lugar, invitando a sus oyentes a arremangarse ellos también. “Mi gente los necesita por su formación, por sus estudios. Yo creo en ustedes. No duerman para descansar, duerman para soñar, porque los sueños están para cumplirse”.

Larcio es un ejemplo contundente de quien deja la queja de lado, se arremanga y se pone manos a la obra para generar un cambio profundo. “Yo tengo un sueño: volver a mi país para cambiar la realidad. Sé que es posible, porque todo depende de nosotros. Quiero hacer que las personas no pasen hambre”. Una historia de perseverancia, lucha y esfuerzo como semilla de frutos grandes.

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