Una casa para cada etapa
En San Benito, una familia transformó una casa que los enamoró a primera vista para adaptarla a su forma de vivir. Nuevos espacios, materiales más cálidos y una distribución pensada para acompañar las distintas etapas de sus tres hijas.

Hay casas que conquistan desde el primer momento. En esta casa de San Benito fueron la laguna, los techos altos y la luz que invade cada ambiente los primeros elementos que hicieron que la familia sintiera que había encontrado su lugar.
La casa ya estaba construida cuando llegaron, pero antes de mudarse decidieron hacer algunos cambios para que pudiera acompañar mejor su vida cotidiana. La intervención no buscó transformar por completo la arquitectura existente, sino redefinir los espacios y darles una identidad más personal y cálida.
Se cerraron algunos ambientes, se generaron nuevos sectores y se incorporaron otros colores y materiales. Cambios que permitieron adaptar la casa a las necesidades de la familia sin perder aquello que los había enamorado desde el comienzo.



Pensar una casa que acompañe
Con tres hijas en diferentes etapas —una en jardín, otra en primaria y otra en secundaria—, uno de los principales desafíos fue repensar la distribución.
La intención era que cada una pudiera contar con cierta independencia, de acuerdo con su edad y sus necesidades, pero sin perder la unidad familiar. Así, los espacios fueron adquiriendo nuevos usos y relaciones, buscando un equilibrio entre lo individual y lo compartido.
La casa debía acompañar el presente, pero también poder adaptarse a los cambios que inevitablemente trae el crecimiento de los chicos.



Diseñar el propio hogar
El proyecto tuvo, además, un componente especialmente personal: la dueña de casa es diseñadora de interiores. Después de trabajar en numerosos proyectos, esta vez tuvo la posibilidad de pensar cada detalle de su propio hogar.
Colores, materiales, distribución y pequeños gestos fueron definiendo una casa que habla de quienes la habitan. Una intervención que no buscó seguir una tendencia determinada, sino construir una estética que se sintiera propia y que pudiera convivir con la vida cotidiana de la familia.



Hoy, la casa mantiene intactos muchos de los atributos que los enamoraron al conocerla, pero suma una nueva identidad.
Porque transformar una casa no siempre significa cambiarlo todo. A veces, se trata simplemente de mirarla de nuevo, entender cómo queremos vivirla y hacer que cada espacio empiece a contar un poco más de nuestra historia.