“El bullying es una conducta aprendida y, como tal, también puede desaprenderse”.
Bajo esta mirada trabajan Candelaria Irazusta y Carolina Tiscornia, creadoras de Equipo ABA, una organización con más de 17 años de experiencia dedicada a la prevención del bullying y la promoción de una convivencia pacífica.
En un contexto donde las relaciones entre chicos y adolescentes se vuelven cada vez más complejas, aprender a identificar ciertas conductas y saber cómo actuar como adultos resulta fundamental. Y el primer paso, según explican las especialistas, es evitar las etiquetas.
“No hablamos de un niño malo”, explican. “Lo que queremos corregir es una conducta, no su identidad”. Esta diferencia es clave porque permite comprender que muchas veces los chicos asumen roles dentro de los grupos que son dinámicos y que se construyen a partir de aprendizajes, modelos y vínculos.
Detectar a tiempo ciertas señales puede ayudar a intervenir antes de que el daño crezca. Para eso, recomiendan ampliar la mirada y buscar información en distintos espacios: conversar con docentes, observar cómo se relaciona el niño con su grupo de pares, entender qué lugar ocupa dentro del grupo y cómo ejerce su liderazgo.
¿Es quien decide quién entra y quién queda afuera? ¿Puede compartir y escuchar? ¿Tiende a dominar o excluir? Muchas veces, las respuestas aparecen en pequeños comportamientos cotidianos.
También destacan la importancia de generar conversaciones abiertas y sin juicio dentro de casa. Poder preguntar cómo se siente un hijo en su grupo, cómo vive sus vínculos y qué situaciones atraviesa permite construir un espacio de confianza genuino.
Una vez identificada la conducta, aparece un segundo paso fundamental: la responsabilización. Es decir, ayudar al niño a comprender que sus acciones tienen consecuencias sobre otros. Las especialistas explican que una charla reflexiva puede ser un gran comienzo para generar conciencia y abrir la posibilidad de cambio.
Pero el aprendizaje profundo llega con un tercer elemento: la empatía.
Cuando un chico logra conectar realmente con el dolor o el impacto que genera en otro, se produce una transformación mucho más significativa. Allí es donde el aprendizaje deja de ser únicamente una corrección externa y se convierte en una comprensión real.
Desde Equipo ABA también remarcan algo esencial para madres, padres y adultos responsables: no atravesar estas situaciones en soledad. Ante cualquier duda o inquietud, recomiendan buscar apoyo, conversar con profesionales de salud mental y apoyarse en la comunidad educativa.
Porque criar también implica aprender, revisar herramientas y construir nuevas formas de acompañar.
Y porque generar entornos seguros y respetuosos para los chicos es una tarea colectiva.