En el colegio no solo se aprende matemática, literatura o ciencias. También se aprende a escuchar, a poner límites, a pedir disculpas y a ponerse en el lugar del otro. Porque construir vínculos es, también, una forma de aprender para la vida.

Hay aprendizajes que no aparecen en ningún cuaderno, pero que suceden todos los días en la clase, en el recreo, en una charla entre compañeros o en ese momento en que dos chicos tienen que encontrar la manera de resolver un desacuerdo.

Aprender a ser amigo es uno de ellos.

En la experiencia escolar, las amistades ocupan un lugar fundamental. Son parte de ese entramado cotidiano que hace que los chicos se sientan acompañados, incluidos y seguros. Y sentirse seguros es también una condición importante para aprender: animarse a hacer una pregunta, levantar la mano aunque no estén seguros de la respuesta, equivocarse o pedir ayuda.

Desde San Isidro Delta School, Athina Lescano, docente de Inglés de nivel primario, destaca justamente el valor de estos vínculos en la vida escolar. Porque mientras los chicos aprenden contenidos académicos, también están construyendo su identidad y desarrollando herramientas sociales y emocionales que los van a acompañar mucho más allá del colegio.

Cuando aparecen los conflictos

Dos amigos pueden dejar de hablarse. Alguien puede sentirse excluido. Puede haber un enojo, una diferencia de opinión o una palabra que lastimó.

Y aunque como adultos muchas veces tengamos el impulso de intervenir rápidamente, los conflictos entre chicos no necesariamente son algo que haya que evitar. También pueden ser oportunidades para aprender.

Aprender a decir “esto no me gusta”. Poder poner un límite. Escuchar lo que el otro tiene para decir. Reconocer que algo que hicimos pudo haber lastimado. Pedir disculpas. Intentar comprender un punto de vista diferente.

Son pequeñas situaciones cotidianas que permiten desarrollar herramientas que, con el tiempo, se convierten en recursos para la vida.

Porque aprender a convivir no significa pensar todos igual. Significa poder relacionarnos con personas que sienten, piensan y reaccionan de manera diferente a nosotros.

El rol de los adultos: acompañar, no resolver

Frente a un conflicto, el desafío para los adultos también es grande. Muchas veces queremos intervenir, explicar quién tiene razón o encontrar rápidamente una solución.

Pero acompañar no siempre significa resolver.

El rol de los adultos puede ser ofrecer herramientas para que los chicos puedan comprender qué pasó, expresar lo que sienten y encontrar juntos una manera de atravesar la situación. Preguntar, escuchar y ayudarlos a ponerse en el lugar del otro puede ser mucho más valioso que darles directamente una respuesta.

La empatía ocupa, en ese sentido, un lugar central. No se trata de estar de acuerdo con el otro, sino de intentar comprender qué siente, qué piensa o por qué reaccionó de determinada manera.

Vínculos que también enseñan

La escuela educa a través de los contenidos, pero también a través de todo aquello que sucede alrededor de ellos.

Una amistad que empieza. Una diferencia que aparece. Una reconciliación. Un límite que se aprende a poner. Un pedido de disculpas. Un compañero que necesita ayuda.

Cada una de esas experiencias puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje.

Porque las herramientas para vincularnos no se incorporan de un día para el otro. Se construyen con tiempo, con acompañamiento y, sobre todo, con experiencias concretas.

Y quizás una de las enseñanzas más importantes que los chicos se llevan del colegio no esté escrita en ningún libro: aprender a cuidar los vínculos, a respetar al otro y a encontrar la manera de estar juntos también es aprender para la vida.

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