Sofi Chas y Maritchu Seitún, autoras de Del no al sí, invitan a las familias a revisar cómo ponen límites y a encontrar un equilibrio entre sostener lo importante y abrir espacio a más “sí”.
Los límites forman parte de la crianza, pero ponerlos no siempre resulta fácil. ¿Cuántos “no” necesitamos decir? ¿Cuáles vale la pena sostener? ¿Cómo acompañamos el enojo o la frustración que aparecen cuando nuestros hijos no obtienen lo que quieren?
A partir de estas preguntas, Sofi Chas y Maritchu Seitún escribieron Del no al sí, un libro que propone revisar la manera en que entendemos los límites y, sobre todo, animarnos a elegir aquellos que realmente son importantes para cada familia.

Menos “no”, pero más claros
La propuesta no es dejar de poner límites, sino dejar de convertir la crianza en una sucesión permanente de prohibiciones. Cuando decimos demasiados “no”, explican las autoras, también puede resultar difícil sostenerlos en el tiempo. Y muchas veces terminamos diciendo que sí aquello que inicialmente habíamos decidido prohibir.
Por eso, una de las claves está en elegir. Definir cuáles son los límites importantes para nuestra familia y poder sostenerlos con claridad.
También implica revisar algunas ideas que atraviesan la crianza actual. Venimos de modelos muy diferentes: de crianzas más autoritarias a otras mucho más permisivas. En ese recorrido, muchas familias sienten que necesitan convencer a sus hijos para que acepten cada límite, como si fuera necesario obtener su aprobación.
Pero poner un límite no siempre significa lograr que el otro esté de acuerdo.

El miedo al enojo y a la frustración
Una de las dificultades más frecuentes aparece frente a las emociones de los chicos. El miedo a que se enojen, hagan una escena, se frustren o lloren puede llevarnos a evitar determinados límites.
Sin embargo, el enojo y la frustración también son parte de la vida. Aprender a atravesarlos, acompañados por adultos que puedan sostener la situación, es parte del crecimiento.
A veces, además, el límite requiere algo que escasea en la vida cotidiana: tiempo y presencia. Es más fácil dejar que un chico se duerma en nuestra cama que acompañar el proceso de enseñarle a dormir solo. Es más sencillo permitir otro capítulo que sostener el momento de apagar la pantalla.
Los límites requieren, muchas veces, poner el cuerpo.
Anticipar para acompañar
Una de las herramientas que proponen Sofi y Maritchu es anticipar. Avisar que dentro de unos minutos llegará el momento de bañarse, apagar la pantalla o irse a dormir permite que el chico pueda prepararse para ese cambio.
“En cinco minutos apagamos” puede ser muy diferente a interrumpir una actividad de manera repentina.
Anticipar no significa negociar el límite, sino ayudar a transitarlo.
Primero comprender, después poner el límite
Otra clave está en la empatía. Antes de marcar un límite, podemos intentar comprender qué está viviendo nuestro hijo.
Eso no significa darle la razón en todo ni cambiar la decisión. Significa reconocer su emoción: entiendo que querías seguir jugando, sé que te divertías, sé que no querés terminar todavía.
Cuando un chico se siente comprendido, es más probable que pueda escuchar.
La empatía, entonces, no reemplaza al límite: lo acompaña.
Límites por amor, no por miedo
En definitiva, Del no al sí propone cambiar la mirada. Los límites no tienen que estar asociados al miedo, al castigo o a la necesidad de controlar. Pueden ser una expresión de cuidado.
Decir que no cuando es necesario también es una forma de acompañar. Y aprender a sostener ese no, incluso frente al enojo o al llanto, puede ser uno de los desafíos más grandes para los adultos.
Porque criar también implica aceptar que nuestros hijos no siempre van a estar contentos con nuestras decisiones. Y que eso no significa que estemos haciendo algo mal.
Quizás se trate de decir menos “no” por inercia y elegir mejor aquellos que realmente importan. Para poder sostenerlos con amor, confianza y empatía.
Gracias a Sofi y Maritchu por compartir su mirada y brindarnos herramientas para repensar los límites y acompañar a nuestros hijos con más empatía, confianza y amor.