Después del impactante testimonio de Bosco Gutiérrez Cortina (@bosco_gutierrez_cortina) sobre cómo vivió un secuestro que le cambió la vida, quisimos conocer la otra parte de la historia, la de Gaby, su mujer. Durante esos nueve meses, sostuvo a sus siete hijos gracias a la fe y a la oración. Gaby es sinónimo de paciencia, humildad, aceptación y una esperanza ciega en que Dios siempre tiene la última palabra. Transcribimos todo lo aprendido por esta admirable mujer.

Iniciamos la charla vía IG Live con este matrimonio tan cálido y amoroso. Gaby y Bosco nos regalaron una hora de aprendizaje sobre cómo la unión familiar y la fe en Dios fueron los pilares en esos meses tan angustiantes en los que Bosco estuvo secuestrado. Gaby es la novena en una familia de diez hermanos. De chiquita fue siempre muy tímida, hasta el secuestro, en el que la vida le dio un sacudón. Estudió Pedagogía y tomó muchos cursos relacionados a familia y felicidad. Desde hace 20 años forma parte del comedor del patronato Santa María, un proyecto que le da de comer a chicos de extrema pobreza en la Ciudad de México. Hija, esposa, madre y amiga ejemplar.

¿Cómo era su vida antes del secuestro?

Se casó muy chica, a los 20 años, luego de haber estado tres de novia. Lo conoció a Bosco cuando tenía nueve años. Su vida era completamente normal, la de una madre, esposa y ama de casa. Era muy tímida e insegura, y hasta entonces Bosco siempre estaba para resolverle la vida en todos los aspectos, hasta que llegó el secuestro…

La llamada menos esperada

Bosco se había ido a misa bien temprano, como solía hacer todos los días antes de ir a trabajar. Ese miércoles en particular, había avisado que no volvería a comer porque debía seguir camino a Cuernavaca por un proyecto de arquitectura. Gaby había quedado en salir de compras con su hermana Marisa, que también está casada con un Gutiérrez Cortina, un hermano de Bosco. En ese momento sonó el teléfono, era una conocida preguntando si ya la había llamado Lucero, una tía de Bosco. Todavía Gaby no estaba enterada de que se habían llevado a su marido. Inmediatamente se fue corriendo a lo de su hermana llorando desconsolada. “En ese momento no entendíamos qué estaba pasando. No sabía si lo habían secuestrado o qué. Mis cuñados se llevaron la línea telefónica de mi casa para preservarme y que yo no recibiera las llamadas. A los dos días nos enteramos de que, efectivamente, se trataba de un secuestro”, cuenta Gaby. 

El edificio más grande

Con siete niños en la casa, con el mayor de ocho años, Gaby decidió contarles que su papá se había ido a construir el edificio más grande del mundo y que por eso no volvía. Fue la reacción que le salió naturalmente ante el panorama que se presentaba. A los 20 días llegó una primera carta de Bosco en la que le hablaba a la familia completa. Bosquito, el mayor, preguntaba por qué su papá no le escribía a él que ya sabía leer. Entonces Gaby tuvo la gran idea de escribirles cartas periódicamente a todos sus hijos como si fueran de su papá. Su cuñado, con una letra muy parecida a la de Bosco, las transcribía y se las llevaba con dulces a los chicos. “Era una explosión de felicidad para ellos y un drama para nosotros”. Las cartas que de verdad les fue escribiendo Bosco estando secuestrado, se las fueron dando a sus hijos a medida que iban cumpliendo dieciocho años.

Asegura que aún hoy no hubiera actuado de otra manera. Eran muy chicos como para comprender y dimensionar la situación, y Gaby sólo buscaba la forma mantener a su papá en lo más alto de sus cabecitas y que no se olvidaran de él. Es cierto que estaban más preservados en aquella época sin celulares ni redes sociales y, por lo tanto, más protegidos. Se alertó a los directores del colegio, por ejemplo, para que ayuden a conservar esta decisión, pero un día Bosquito llegó diciendo que un compañero le había asegurado que a su papá se lo habían “robado”. Enseguida Gaby le pidió que le creyera a ella que era su mamá. Y fin de la historia.

El lugar de la fe

La fe fue el pilar enorme que la mantuvo a Gaby a flote durante todo este tiempo. Dentro de una familia muy creyente, todos los días iba un sacerdote a su propia a casa a celebrar misa, y mucha gente le escribía que estaba rezando. Esa ayuda incondicional de tantas personas fue, sin duda, lo que hizo que Gaby se sostuviera en pie. Ella ponía los medios para que Dios actuase, y recuerda que escribía una carta semanal al Papa Juan Pablo II contándole su situación, y llegaron a responderle desde el Vaticano que el Papa estaba rezando por ellos. La oración fue clave para no perder la esperanza.

Recuerda que un sacerdote le había regalado un libro muy lindo, muy especial, que la acompañó durante todo el secuestro. “Meditaciones sobre la Virgen María”, que contenía la vida cotidiana de la Virgen como esposa y como madre, y mostraba una Virgen humana y cercana. Ese fue su libro de cabecera.

Al regreso de Bosco, cuando compararon los escritos de ambos, se dieron cuenta de que había una gran coincidencia. Los días en los que Bosco estaba más deprimido, habían sido también los días más oscuros para Gaby; y los días más felices para uno también lo eran para el otro. Gaby explica que esto fue posible por la gracia del matrimonio, en el que Dios los hace uno y los convierte en vasos comunicantes. “Cerca de Navidad, llegó una carta de Bosco en la que me pedía que durante esa época me mostrara alegre con los chicos, y que les regalara una casa decorada y feliz. Curiosamente cuando recibí esa carta, ya lo había hecho. Mi casa ya estaba decorada y buscaba mantener un ambiente festivo. Además, la casa debía estar preparada por si él volvía, no quería traicionarlo. Yo tenía la opción de hundirme en mi pena o salir adelante por mis hijos”. 

Esta foto fue extraída del IG de Bosco (@bosco_gutierrez_cortina)

Bosco como mercancía

Gaby se desahogaba mucho con Marisa, su hermana, y muchas veces se metía en su vestidor a llorar sola, descargar la tristeza y sacar fuera todos los pensamientos negativos para volver al ruedo con más fuerza. Sabía perfectamente que la posibilidad de que a Bosco lo mataran era un hecho, pero intentaba sacar esos malos pensamientos de su cabeza para intentar estar lo mejor posible para sus hijos. Le habían explicado el paso a paso de cómo funcionaba un secuestro, y entendía que Bosco era la mercancía más preciada para poder cobrar el rescate. Más allá de que en las negociaciones podía ocurrir cualquier cosa, ella mantenía la esperanza de que el secuestro era un negocio y de que Bosco era valioso a los ojos de los secuestradores. 

La negociación se complejizó muchísimo, y por eso pasó tanto tiempo. Desde el primer momento, Gaby dejó en manos de su suegro y de sus cuñados el contacto con los secuestradores; lo único que pidió es que la mantuvieran informada siempre con la verdad.

Enseñanzas y aprendizajes

El cambio más notable de Bosco a su vuelta fue que quiso vivir intensamente cada instante con ella, con sus hijos, con sus hermanos, con sus padres. A partir del secuestro, la familia y la amistad estuvieron siempre en primer plano. El cambio más grande en Gaby fue el de pasar de ser una mujer tímida e introvertida a encontrar el camino para llevar adelante una familia numerosa ella sola. “Tomar decisiones diarias en todos los aspectos me obligó a madurar y a ganar en seguridad en mi misma. La verdad es que el secuestro tuvo muchos más frutos de que los que nos imaginamos”, relata.

“Nunca se me pasó por la cabeza reclamarle a Dios el porqué de esta situación, mi preocupación pasaba por enfrentarla. Pienso que nos tomó como instrumentos para poder ayudar a otros a atravesar momentos difíciles”.

Un día, Bosco volvió de trabajar muy tarde y se lo veía estresado de tantas obligaciones. Gaby lo esperaba con uno de sus videos de pruebas de vida. “Cada tanto debemos volver a ubicar los pies sobre la tierra y dimensionar qué es lo importante. La persona del video se ponía en manos de Dios, y el Bosco que tenía a mi lado estaba preocupado por cuestiones mundanas. Valió la pena”, dice Gaby con una sonrisa.

Esta foto fue extraída del IG de Bosco (@bosco_gutierrez_cortina)

De la mano de la Virgen

En su oración, Gaby insistía para que si Bosco volvía, fuera ella quien lo recibiera. Y eso que tanto pidió, se lo concedieron. El día que Bosco llegó en un taxi a la casa de sus padres, en ese mismo instante, Gaby estaba afuera, arriba del auto que en pocos minutos la conduciría a pasar un día de campo cerca de la ciudad. El shock fue inmenso. A sus hijos les costó reconocerlo en ese estado, con mucha barba y varios kilos menos. Al principio, cuestionaban por qué su mamá les había mentido, pero con el tiempo fueron entendiendo que sólo quería protegerlos. En el aniversario número 25 del secuestro, le hicieron una comida sorpresa y le regalaron la grabación de una canción muy especial y muy significativa para todos, porque se trataba de un himno con el que se recibía a los soldados que volvían de la guerra del Golfo Pérsico. Se adecuaba muy bien a la situación de Bosco. 

Sacudón para volver al eje

Hoy estamos ante un escenario que también nos interpela, ¿cómo queremos vivir este tiempo? Gaby está convencida de que la vida cotidiana está llena de distracciones que nos alejan de lo que en verdad importa, y estamos ante la gran oportunidad de reflexionar, recuperar la comunicación en la familia y no estar tan concentrados en lo material. En medio de la incertidumbre que vivimos en esta pandemia, el abandono en Dios es clave, asegura Gaby. “Si Dios permite esto, es porque quiere traer grandes bienes, confiar en eso”.

Sabemos que haber aceptado esta entrevista, es para Gaby vencer su timidez y sus nervios, por eso se lo agradecemos enormemente. “Cuando Bosco regresó, me propuse seguir para adelante, este cuestionario me hizo recordar muchas cosas, así que gracias por la invitación”, termina. 

Esta foto fue extraída del IG de Bosco (@bosco_gutierrez_cortina)

Esto fue lo que nos contaron sus hijos sobre Gaby:

Podés comprar el libro de Bosco «257 días» acá.

Podés revivir la entrevista en vivo:

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