El diálogo tiene esa capacidad de detener guerras, unir familias y ensanchar corazones.

Texto: María Ducós

“Se sube el que quiere y bienvenida sea la pluralidad y la diversidad” es el eslogan de Colectivo Comunicacional, una entidad sin fines de lucro que tiene como objetivo principal la organización de encuentros que fomenten la conversación de temas de contenido diverso a través de una comunicación positiva y un pensamiento crítico y reflexivo. Ricardo Brinnand, su creador, está convencido de que el respeto por la forma de pensar del otro es lo que cambiará el mundo y que las acciones que se desprenden al escucharnos forman la huella que les dejaremos a las próximas generaciones.

Bajo el título “Las fuerzas de las conversaciones”, este engranaje que pretende fomentar un diálogo abierto y sincero se reactivó en su décimo encuentro en la Universidad de San Isidro. Con un grupo reducido de personas para dar lugar al intercambio de diferentes posturas, la charla estuvo a cargo del licenciado Juan “Chaqueto” Campero, coach ontológico y ex-capitán de la primera división del CASI.

Bajo el objetivo de que las ideas formuladas no fueran únicas y absolutas, sino que entraran en discusión y estuvieran abiertas al debate, la charla rondó en torno a la resolución de conflictos a través del lenguaje. Sabemos que éste genera realidades y que le otorga identidad a todas las cosas. Es el camino para entendernos y actúa como continua presentación de nosotros mismos: con cada acción y cada respuesta que damos, estamos dando a conocer quiénes somos y cómo somos.

De la conversación sobre la conversación podemos deducir algunas cosas. Por ejemplo, que puede empantanarse y verse contaminada por los juicios que nos alejan de la acción y son nocivos para nuestra relación con los demás. Esto ocurre porque, la mayoría de las veces, el juicio que hacemos sobre los otros es erróneo, sesgado y alejado de la realidad. Además, su efecto es dañino porque retrasa la acción y, en vez de encaminarse a la resolución de la cuestión, se concentra en seguir alimentando los juicios ya existentes.

Un ejemplo. El primer impulso que podemos tener al pincharse una rueda camino al trabajo puede ser maldecir el auto y la mala suerte que nos tocó. Eso ya retrasó, aunque sea unos segundos, la acción para encontrar la solución al problema. En cambio, si nuestra reacción es llamar inmediatamente a un amigo para que nos venga a buscar, ya abrimos el juego para iniciar la conversación destinada a la coordinación de acciones y así ir directo a la cuestión.

Entonces las conversaciones pueden ser de tres tipos. La primera y más básica es la conversación para la coordinación de acciones, tendiente a la resolución de conflictos inmediatos. Tal sería el ejemplo del auto roto. En un segundo nivel está la conversación para posibles acciones que intenta, desde un plano más teórico, conversar para mejorar o innovar, muy usado en esta era de la creatividad. Por último, está la conversación para posibles conversaciones, donde el objetivo, en primera instancia, sólo es acercar posiciones, para luego, en un futuro, encarar acciones en conjunto. Estas conversaciones son nexos que abren otros diálogos que llevan a la resolución de conflictos. Es el modelo conversacional de los diplomáticos.

El Papa en una carta a los comunicadores, pero que se extiende a todos los que quieren hacer un buen uso de la comunicación, machaca este ítem. “No pocas veces descubrimos que nuestras palabras y nuestros juicios, por momentos muy duros, sin consistencia o sin saber toda la verdad, nos encuentra rompiendo los puentes y agudizando grietas”.

El camino para resolver conflictos empieza por alejarnos de los juicios y aprender a escucharnos, la gran incompetencia de nuestra era. Esto hará que nuestras consideraciones de los demás sean más acertadas y nuestras conversaciones se tornen más reales. La prudencia nos hará más humildes para que, ante un quiebre, sepamos identificar qué camino tomar.

Si además de ser prudentes en nuestras conversaciones, logramos aprender a escucharnos y a darle sentido al valor del error, seremos capaces de generar diálogos dispuestos a solucionar y alivianar conflictos.

 

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