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En un año que económicamente se presenta complicado, tratar de poner bajo control los gastos en salidas y extras de nuestros hijos adolescentes es clave para el presupuesto familiar. Ellos deben aprender a ahorrar y a elegir. Y como padres debemos fomentar programas menos onerosos y generar conciencia financiera.

Texto: Mónica Fernández

Criar hijos, desde el punto de vista económico, es mucho más que darles comida, vestimenta y educación. En los tiempos que corren, la cuenta de gastos a fin de mes incluye una larga lista de extras que van desde deportes hasta actividades artísticas. Los presupuestos se agigantan y más aún cuando los chicos crecen y logran cierta autonomía y decisión en las salidas de fin de semana.

Las preguntas siempre nos rondan a los que somos padres: cuánto dinero darles (incluso dejando de lado la cuenta estricta de las posibilidades económicas); cómo enseñarles el valor del dinero; en qué momento poner el límite y decir “esta salida, no”. La duda subyace, pero toma mucho más cuerpo en un 2016 que se presenta complejo en materia económica, en el que los gastos corrientes, ésos que no se pueden evitar, se llevan casi todo (o todo) nuestro presupuesto.

Claro que no hay estadísticas, pero del contacto diario con padres que tienen hijos de entre trece y diecisiete años surge que en promedio estos jóvenes gastan entre $300 y $500 por fin de semana en salidas fuera del hogar. Previas en alguna casa -donde no sólo pagan entre todos la comida, sino que financian, en general, buenas dosis de alcohol-, entradas para fiestas, remises, conciertos y más. De arranque hay que contabilizar unos $1200 extra por hijo que se suman a la cuota del gimnasio, difícilmente menor a $600; al club que se lleva otros $500; más los “terceros tiempos”; más, obviamente, ropa, abono de celulares y demás. Ellos no buscan sólo abrigo, calzado y comunicación, sino estar a la altura del grupo, pertenecer, no quedarse afuera. El cálculo no requiere mucho ingenio para darnos cuenta de que destinamos más del presupuesto familiar al esparcimiento de los jóvenes que al nuestro propio.

El tema cobra relevancia, y hace un tiempo VISA encaró una encuesta a nivel regional entre adolescentes de trece a dieciocho años de edad y sus padres en la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Guatemala y México para conocer y desentrañar los hábitos de consumo de los adolescentes que, dentro de no mucho tiempo, serán sus clientes. De ese estudio surgió que aproximadamente el 90% recibe dinero de sus padres, y cerca de un 75% de los chicos gasta la totalidad de su mensualidad. El 70% de los adolescentes encuestados gasta su dinero en comida; mientras que un 55% lo gasta en compras impulsivas; un 53%, en materiales escolares; un 49%, en transporte público; un 32%, en ropa; un 31%, en su teléfono móvil, y un 30% lo gasta en fiestas. Además, una alta proporción de adolescentes regularmente le pide dinero prestado a sus amigos para cubrir más gastos.

Otro research realizado en este caso por la investigadora de mercado GFK hace un perfil del adolescente argentino. El estudio destaca que los jóvenes locales son «altamente sociales y disfrutan más que el promedio mundial de participar en actividades relacionadas con el ocio y el entretenimiento, tanto dentro como fuera de su casa, con amigos y en pareja». De hecho, el documento revela que la población de entre quince y diecinueve años pasa más de catorce horas semanales en salidas con sus pares, mientras que en el resto de Latinoamérica, el total es de sólo nueve horas.

Así la situación, en una sociedad en la que tanto adultos como jóvenes hacemos uso y abuso del consumo, tratar de redireccionar ese hábito que ya se hizo costumbre entre los adolescentes no es sencillo. Poner de nuestra parte para que los encuentros de los más jóvenes se vuelvan menos caros, empiecen y terminen en una casa, con hamburguesas, pizzas y música como se hacía unas décadas atrás contribuiría, sin duda, a la economía familiar, a la seguridad y a la educación en valores de nuestros hijos. Claro que en esto, como en otras cuestiones vinculadas a la educación, el asunto es quién se atreve a ponerle primero el cascabel al gato, quién le plantea a su hijo que, con su grupo de amigos, cambien a un plan más low cost. La sinergia con otros padres allana mucho el camino.

Una situación similar se presenta cuando llega el momento de los viajes de egresados. Los valores se disparan y los destinos se alejan cada vez más. Bariloche  compite palmo a palmo con Brasil y el Caribe. Los paquetes trepan a $40.000 e incluso mucho más por chico. ¿Debemos decir “amén” a todo a fuerza, en muchos casos, de grandísimos sacrificios personales?

Más que una cuestión de dinero
“Papá, necesito plata”. Esta frase resulta más que familiar. Pero lo primero que tenemos que tener en claro es que no se trata de una simple transacción comercial. Es más que dinero lo que se da y es más que dinero lo que se pide. Disponer de dinero, poder hacer el mismo plan que todos hacen, les da seguridad frente a su grupo de pares. Sin embargo, un punto que como adultos no deberíamos perder de vista es que en tanto no les enseñemos el valor de ganar ese dinero que dilapidan viernes o sábado, llegarán a ser adultos jóvenes sin herramientas.

Daniella Devlieger, psicóloga del Colegio Alborada de Chile, lo deja claro en un documento reciente. “Hay que incentivar al adolescente a que gane su propio dinero, lo que no quiere decir que de vez en cuando no se le dé cierta suma de regalo. Aunque es un poco complejo, ya sea por el horario del colegio o las distancias, se le puede asignar trabajos en casa y pagarle por ellos. Debemos motivarlos a trabajar si quieren salir de vacaciones con sus amigos. De esta forma apreciarán el valor del dinero y el tiempo, las fuerzas y las oportunidades, y estarán menos expuestos a la tentación de adquirir hábitos de ociosidad y derroche”, dice la especialista chilena. “Se ponen ‘apretados’ cuando es dinero que ellos mismos han ganado”, remarca. “Además, esto los ayudará a adquirir responsabilidad, independencia, realismo y madurez”.

Tips: Para pensar más allá del bolsillo
• Incentivar a los adolescentes a que ganen su propio dinero con trabajos sencillos y a su alcance. Conseguir con esfuerzo el dinero para salidas hará que lo gasten más responsablemente.

• Enseñar la actitud del ahorro. Privándose de alguna salida o haciendo programas menos onerosos podrían juntar el dinero necesario para cambiar el celular o comprar esas zapatillas especiales.

• Resolverles todo, a demanda, desde el punto de vista económico, no contibuirá a formar jóvenes responsables y autosuficientes.

• Por último, lo más importante: “las palabras enseñan, pero el ejemplo transforma”. Por más que les enseñemos a nuestros hijos todas las recomendaciones anteriores, si ellos no ven que sus padres ponen en práctica estos principios de finanzas personales en sus vidas, no habrá grandes chances de que ellos desarrollen el hábito.

No te pierdas la conferencia de Pilar Sordo sobre cómo dar el ejemplo a los hijos y educarlos sobre el valor del dinero.

https://www.youtube.com/watch?v=d2Bt8Zvy9u0

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