En esta época del año, que comienza el calor. En esta época del año de muchísimo cansancio. En esta época del año donde, para los que estudian, trabajan, se va acumulando el cansancio del año.

Mon. Oscar Ojea
Obispo de San Isidro

En este tiempo en que experimentamos, de un modo crudo, dificultades económicas, a veces dificultades familiares, angustias, cosas que tienen que ver con lo íntimo de nuestra persona que no terminamos de resolver. 

En un tiempo del año que cuando hacemos balances, aparecen muchos déficit.

En este tiempo en donde experimentamos de un modo particular, la fatiga y el cansancio, el tiempo litúrgico de la iglesia nos propone la esperanza.

El Señor vuelve a apostar por nosotros. El Señor vuelve a decirnos que nos tiene confianza y se hace hombre y revivimos el misterio del Dios esperado, del Dios que necesitamos que camine con nosotros, del Dios que vuelve a decirnos una palabra de confianza y de esperanza «estoy al lado tuyo» «estoy acompañándote» «soy tu descanso verdadero» «vengo a visitarte una vez más».

El Señor que viene a visitar nuestra historia, nuestra vida humana, en este momento, en esta actualidad, con los problemas que tenemos, con las necesidades y con las dificultades que tenemos.

Sin embargo el Señor no se borra de nuestra vida. El Señor quiere estar presente. Y de tal manera esta presente que se hace uno de nosotros, que se encarna, entra en el cuerpo y en el corazón de la Virgen. El Señor que se deja cuidar por San José.

El Señor que se deja adorar por los pastores y por los magos.

Comienza, entonces, este tiempo de preparación para la nueva sorpresa que Dios nos quiere regalar en cada Navidad.

El tiempo de adviento, que es venida, esperanza, de esa visita y modo de preparar una visita importante.

Que podamos tener en el medio del cansancio y de los tiempos que no alcanzan para nada, nuestro tiempo interior de silencio y de oración, para poder entrar en el fondo de nuestra vida con el misterio del Señor que nos acompaña.

Que podamos tener el corazón abierto para las obras de misericordia, que limpian, que purifican y que hacen que la casa esté bien preparada para recibir al Señor.

Y que podamos ofrecerle al Señor, a través de la limosna, y de la penitencia, algo que nos cueste, porque también este es un modo de vivir la misericordia para con nuestros hermanos, sufriendo en nosotros algo de lo que puedan estar sufriendo ellos.

Que el Señor les conceda un tiempo excelente de preparación para la Navidad.

Trataremos de acompañar, de acercar, lo más posible, la presencia del Niño Jesús, que va viniendo, cuyos pasos se van sintiendo y se van sintiendo poco a poco en este tiempo de adviento.

Queremos estar presentes con cada uno de ustedes, con cada familia, para poner nuestro corazón en la mesa, el día de Navidad, y experimentar que somos más hermanos, que somos más hondamente hijos del Padre. Que somos seguidores de cerca del Señor Jesús, participando de la mesa grande que él nos viene a preparar cada Navidad.

Que Dios los bendiga y que les conceda un excelente tiempo de preparación para su visita.

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