Texto: María Laura Vidal Bazterrica – @itasflowers

El Delta del Paraná es, en sentido geográfico, parte de la Mesopotamia y está considerado como uno de los deltas más grandes del mundo.

La presencia de grandes espejos de agua y la escasa altitud producen un microclima que favorece la proliferación de especies animales y vegetales. Entre ellas, la más conocida es el árbol llamado Ceibo. Su nombre deriva del latín crita-galli, que significa cresta de gallo por la forma y los colores de sus flores.

El Ceibo es un árbol autóctono que encontramos también en países vecinos y funciona muy bien en suelos húmedos, como bosques y selvas, con mucha agua y poco frío.

De follaje caduco, tronco tortuoso y corteza muy fisurada, posee una copa extendida de forma irregular, ramas arqueadas y con aguijones. Florece en grandes racimos colgantes de flores carnosas, color coral o rojo intenso, con estambres amarillentos.

Es de crecimiento rápido, y todos los años da ramas nuevas en primavera que pueden llegar hasta un metro y medio de largo. Su tronco puede llegar a los seis metros de diámetro y su altura hasta los quince metros. Florece en primavera-verano y en invierno queda totalmente desnudo de hojas, ideal para veredas y zonas de descanso, cuando se transforma en un techo para cobijar una mesa con sillas.

En los terrenos con laguna funcionan muy bien ya que, ubicado en las esquinas, nos otorga cierta privacidad a la hora de usar el agua en verano.

Este árbol soporta muy bien la poda de formación en invierno, y siempre es necesario tutorarlo durante los tres primeros años para que no se tumbe con el viento.

El Ceibo no es solamente un árbol decorativo. Es mucho más que eso, y al ser una especie que colabora con nuestro ecosistema, tiene efectos positivos sobre lo que lo rodea. Acá van algunos datos de su comportamiento:

  • Sirve de sostén para lianas y líquenes, y es nido de pájaros, sobre todo colibrís y abejas anaranjadas rayadas, que su néctar les sirve de alimento.
  • Sus hojas, la corteza y las semillas son comida para muchos pájaros y ranas.
  • Aumenta la fertilidad del suelo: los mismos nutrientes de la tierra como nitrógeno, fósforo, potasio, hierro, azufre, cinc y otros elementos se encuentran distribuidos en las ramas, las hojas, las raíces, las flores y los frutos del árbol. Una vez que caen al suelo, bacterias y microrganismos las digieren volviéndolas parte rica del suelo, manteniéndolo fértil y fecundo.
  • Las raíces del Ceibo captan el nitrógeno gaseoso del aire que hay en el suelo por medio de bacterias y microbios, y lo usan para fabricar sustancias que serán utilizadas por el árbol.
  • Sus hojas se cierran de noche cuando hay tormenta, y se abren cuando salen el sol.
  • Conviven en sus ramas y en su tronco mucha variedad de insectos como la mariposa, la hormiga, la larva que regulan el equilibrio ecológico.
  • Existe una variedad que fabrica una especie de algodón mojado que elimina el exceso de azúcar y de agua en forma de escupidos. Mientras está en su período de crecimiento, se protege de ser comido por los pájaros, recubriéndose con ese algodón.

Es ideal si contamos con espacio para ubicarlo en grupo de tres a cinco, y así lograr una sombra densa en verano y un sol fuerte en invierno.

¿Sabías que el Ceibo compitió con el Jacarandá por el primer puesto para ser la flor nacional? ¡Ahora sabemos porque ganó!

FacebookTwitterEmailShare