En un nuevo vivo, esta vez tuvimos el honor de charlar con @matiasmunozpsicologo. Palabras que dan vida, miradas que cambian la manera de ver nuestras vidas. Una reflexión llena de sentido sobre las cosas que nos pasan a todos. 

En el inicio de la cuarentena, las personas empezamos a construir un juego entre el silencio y las palabras. Esto es lo que se leía en uno de los posteos en la cuenta de IG de Matías. Esa comparación entre el silencio, al principio de la cuarentena, que fue exterior y que a muchos nos sirvió para volverlo interior también, y las palabras que empezaron a surgir en las redes. Palabras que dan vida. 

Dar vida a través de las palabras

“Al principio estaba un poco pasmado de lo que estaba empezando a pasar. El silencio de a ratos me aterraba y de a ratos me daba tranquilidad”, comienza Matías en nuestra charla. Se acordó de alguna vez que escaló una montaña, y del silencio que lo envolvió. Recuerda que en ese momento escribió algo sobre el “silencio y el conectarnos con nosotros mismos”, y cómo los vínculos íntimos son las herramientas clave para salvarnos de situaciones como esta.

“Las palabras tienen un límite”, admite. Las usamos para tratar de entender algo muy incomprensible, como lo que estamos viviendo ahora. Y, al igual que muchas disciplinas, buscan sacar algo bueno de esta experiencia que no podemos cambiar. 

“La mezcla entre el silencio y las palabras es una buena integración. Pero hay un lugar que es misterioso y donde las palabras no van a llegar”. 

Biblioteca digital de cuarentena

“Me da nervios que algo se pierda en el vértigo de la hiperproducción, tenemos que guardar todas estas palabras tan sabias”. Su biblioteca digital se llama “Palabras vivas para escuchar atentos” y pidió a su público que le recomiende todo ese material valioso disperso por la nube y que vale la pena juntar y guardar, tenerlo a mano para volver a él una y otra vez. La idea es armarla entre todos y que esta acción, por ínfima que sea, pueda cargar de sentido todo este tiempo. 

La diversidad del material, recomendado por personas con diferentes inquietudes a intereses, es lo que hará a esta biblioteca digital realmente rica y atractiva. “Al principio teníamos la autoexigencia de estar produciendo todo el tiempo, como si nada estuviera pasando”. Llegó el momento de recolectar todos esos buenos frutos y darles un lugar común.

Autoexigencia descontrolada

Encerrados, con “más tiempo”, pero a la vez con tanto de qué ocuparnos en nuestras casas, somos muchos los que sentimos que debemos producir todo el tiempo. Que no podemos perder el tiempo ni dejarnos estar, pero a la vez nuestra casa, nuestros hijos, nuestras familias y responsabilidades también merecen nuestro tiempo. 

“Ojalá que esta experiencia nos lleve a algo más minimalista. Poder darle un sentido a esta experiencia. De afuera hacia adentro, y de adentro hacia afuera. Tenemos que ir cada uno a lo que considera esencial. Pero estamos en una cultura muy sádica en lo exitista. Esto nos hace sufrir mucho y es muy peligroso”, resume Matías.

Salir de los estereotipos de lo que espera la gente de uno es el primer paso en la búsqueda de ese sentido. Sobre todo en esta nueva normalidad, donde todo lo que creíamos asentado ya no lo está, donde la rutina cambió. “La vida siempre nos da la oportunidad de transformar algo doloroso en algo bueno. Hay que entender que estamos en la incertidumbre y hay que practicar el arte de lo posible” dice convencido. 

Pandemia como trauma social

Un trauma es algo que se vive con tres factores: es inhabitual, es imprevisto (sin poder anticiparnos), es de una violencia intrusiva (se instala en nuestra vida). Un trauma social es cuando nos pasa a todos. Puede ser equiparada a una guerra, a una masacre. Aunque, poniéndolo en perspectiva, a muchos nos agarra con comida en la heladera, con calefacción, con una vida armada. 

“Para algunos es muy angustiante. Siempre hay un margen de qué hacemos con esa angustia. Nos podemos victimizar, afrontar la angustia o tratar de disfrutar”. Hay personas que se regocijan en el dolor y les cuesta salir del pantano. Quizás están buscando que alguien las rescate. La clave está en no quedarse empantanada, todos tenemos los recursos. 

El cambio está en la mirada

“Desde cómo miramos a un hijo, a nosotros mismos, al amor, a la vida. Todo está en la mirada”. La mente es bifocal, y nosotros elegimos desde qué plano mirar, tenemos la posibilidad de corrernos y mirar desde otro lugar. Tenemos ese margen de libertad de elegir qué queremos ver. 

“Hay una distinción entre el dolor real y el dolor evitable. El que es real (una pérdida, una muerte), es inevitable y hay que integrarlo a la vida. Pero hay una parte del dolor que es evitable. No armemos nuestros propios pantanos”.

Un futuro lleno de incógnitas pero con algunas certezas

Todos tenemos recursos, una parte de nuestra identidad fuerte y debemos ver qué nos pide a cada uno la realidad. ¿Cuál es ese recurso que cada uno tiene que exprimir hasta el fondo? En algunos será la flexibilidad, la paciencia, el esfuerzo. 

Todos tenemos amor. Una gran certeza es que todos tenemos alguien que nos quiere. Padres que nos han dado la vida, amigos, parejas, socios. Todos podemos entrar en vínculos de apego: cuidado, aceptación.

Y para nuestra mente que quiere tener el control sí es duro saber que hay cosas que no manejamos. Eso nos hace sufrir. Queremos controlar los hijos, la pareja, las emociones, el futuro. Debemos aprender a confiar un poco más. 

Conexión emocional y soledad

Es un concepto de Brené Brown que habla del poder de la vulnerabilidad. Debemos distinguir la soledad que viene de relaciones emocionales defectuosas, donde nos sentimos que no nos entienden, que nadie puede empatizar con nuestro dolor, de la soledad buscada. 

“Hay que poder decir que uno necesita estar solo”. Dejar que la pareja pueda estar en soledad, que los hijos puedan estar con ellos mismos. En el fondo, ante las decisiones más importantes de nuestra vida, estamos solos. “El covid no nos deja distraernos de nosotros mismos. Nos enfrentó a una soledad de la buena”.

Somos netamente emocionales. Pueden habernos educado para esconder esas emociones o no verbalizarlas, porque hemos crecido en un paradigma donde los sentimientos tenían mala prensa. “Los sentimientos se escondían y nos enseñaron a no tomar decisiones con las emociones, sino usando la razón”, descarga. Por suerte eso está cambiando, y sabemos que las emociones son excelentes consejeras. 

Exponernos a una experiencia emocional diferente, por ejemplo a algo que temo, se convierte en una experiencia emocional correctiva que pueden ser muy productiva. Por eso es bueno dejar que esas cosas ocurran.

¿Qué pasa con la ansiedad?

Todas las emociones son buenas consejeras. La ansiedad es una emoción, es una tensión activa que nos lleva buscar ir para adelante. Nos ayuda a afrontar desafíos. Si te gustan los desafíos y estás mirando el futuro, esta es la buena ansiedad.

Si a la tensión activa le agrego creencias catastróficas (pensamientos negativos), comienza la desregulación de la ansiedad. Y entonces nos preocupan un montón de catástrofes que arman una gran tormenta cuando no hay lluvia. Necesitamos mucha confianza. Mucho apego. Necesitamos que alguien nos mire a los ojos y nos asegure que lo podremos resolver. 

El apego vale para todos

El apego vale para cualquier relación. Pareja, amigos, padres, hijos. El apego da vida. La palabra da vida. El apego abre surcos. 

Estoy para cuidarte. Estoy para que vos puedas. Estoy como respaldo. Es una gran seguridad.

Adolescentes con síntomas de depresión

La depresión se puede resumir en tristeza+desesperanza por un largo período de tiempo, en el que no se confía en el futuro. Hoy lo que más se ve son síntomas de rumiación, porque la cabeza no para. El cuerpo no se mueve, se la pasa en la pantalla, y entonces los adolescentes empiezar a rumiar constantemente. “Sugiero mucho movimiento corporal para los adolescentes: mucho baile, juego y expresión de sentimientos para que la cabeza tenga un respiro. Poner la cabeza en otro foco”, resume.

Un mensaje final

“Que cada uno pueda preguntarse cuándo se siente vivo en la vida. Qué me hace sentir vivo. En momentos de miedo a la muerte tenemos que preguntarnos por la vida. Tenemos muchas instancias de vida. Que cada uno pueda hacer una lista de las cosas que lo hacen sentir vivo. ¿Con qué cosas me dan ganas de vivir?”, termina.

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