Dentro del ciclo Personajes que inspiran, que desde Eidico queremos compartir con la comunidad, este mes recibimos a Joseph Fadelle, un musulmán que se enamoró de Cristo y, perdiendo familia, bienes y poder, decidió apostarlo todo por Él.

Texto: María Ducós – Fotos: Rosario Lanusse

Fue un día cargado de expectativas y emoción por la llegada de este personaje tan especial. Después de haber puesto a punto el lugar de la conferencia y habiendo ya ultimado los detalles pendientes de esta visita, estábamos listos para darle la bienvenida a Mohammed Fadelle, transformado en Joseph desde su bautismo y conversión al catolicismo. Con casi quinientas personas colmando el SUM de nuestras oficinas, sobre una tarima y con un traductor como mediador del árabe, Joseph nos hizo profundizar sobre nuestra vida interior, nuestro diálogo sincero con Dios y nuestro verdadero compromiso con la fe que profesamos. Queríamos saberlo todo: cómo había conocido a Jesús y las dramáticas adversidades que debió sortear para lograr bautizarse y practicar libremente su fe.

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Una sorpresa inesperada
Dueño de una gran fortuna por ser miembro de una importante familia chiíta, este joven musulmán debió irse a la guerra, perdiendo todos sus privilegios. Allí descubrió con horror que tenía que dormir en la misma carpa que Massoud, un católico de cuarenta y dos años. “No era de mi talla compartir cuarto con uno de ellos”, rememora en el relato. Pero en el campamento, Massoud era muy querido y respetado, y Fadelle veía que realmente era un hombre noble y bondadoso.

El Corán expresa que el catolicismo ha tergiversado la palabra de Dios, y Joseph creía que aquel buen hombre había sido engañado. Su objetivo más importante sería convertirlo al Islam. Cuando Massoud estuvo ausente por vacaciones, Fadelle, intrigado sobre la felicidad que irradiaba su compañero de carpa, inspeccionó entre sus cosas y encontró un libro llamado Los milagros de Jesús. “¿Quién será ese tal Jesús que hizo tantos prodigios según está escrito aquí?”, se cuestionaba.

En busca de la verdad
Un día, Massoud lo indagó sobre el significado real del Corán y Fadelle se propuso leerlo a conciencia, prestando atención a cada versículo. Por primera vez, contempló que había ritos y costumbres muy contrarias al amor, a la familia y a la mujer. Pero un sueño fue el quiebre: sobre la orilla de un río, un personaje lo atrajo con su mirada, haciendo que experimentara un fuerte deseo de abrazarlo. Sólo dijo unas pocas palabras: “Para cruzar el río debes comer del Pan de Vida”.

Al abrir la Biblia en busca de respuestas, el primer pasaje que leyó decía: “Yo soy el Pan de Vida, quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. Una fuerza que nunca había experimentado se apoderó de él. No sabía qué quería decir esta frase, pero su corazón reclamaba conocer a Jesús.

Desde ese momento, Joseph le confesó a Massoud que quería convertirse, quería bautizarse y mudarse a su barrio cristiano, comenzando una vida nueva. Pero su padre, sin saber nada y antes de que pudiera hacer cualquier movimiento, le asignó una mujer, notificándole que debía casarse, plan al que no se podía negar. El primer hijo de Fadelle nació el 25 de diciembre, clara señal de que Dios no lo había abandonado y de que, además, su mujer también formaría parte de los planes que tenía reservado para él. Casado con una musulmana también chiíta, todavía buscaba unirse más a Jesús. Todo lo que vino después fue un gran calvario hasta lograr el bautismo que tanto anhelaba.

Al enterarse de que su marido frecuentaba una iglesia católica, Anouar, su mujer, escapó de su casa. Joseph, creyendo que lo delataría ante su familia, temió lo peor, porque esta declaración implicaría una muerte segura. Pero ella guardó su secreto y, al cabo de un tiempo y después de mostrarle el amor que emanaba de la Biblia y el trato que se le daba a la mujer en el Corán, ella se convirtió, manifestando profundos deseos de bautizarse.

Al encontrar una Biblia en la casa, su propia familia lo acusó de infiel y fue entregado al jefe religioso para que dictaminara qué hacer con él: se dictó la Fatwa, la pena de muerte por traición. Fue llevado a la peor cárcel de Irak, y luego de un año y medio de soportar los más horribles tormentos, fue liberado en un baldío. Su familia lo sorprendió con un gran festival por su regreso, pero él, temiendo una venganza, buscó la forma de bautizarse sin conseguirlo y huyó de Irak inmediatamente.

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Suplicio en Jordania y exilio
El único país que los recibió hasta que pudieran conseguir una visa europea fue Jordania. Pero aquí tampoco hallaron tranquilidad para practicar su fe porque sus hermanos lo encontraron. “El que está enfermo por Cristo no tiene remedio”, sentenciaron y después de discutir violentamente para que se retractara, le dispararon tres veces en el corazón. Milagrosamente, la bala nunca le perforó la piel.

Luego de trece años, el día más esperado llegó. A escondidas, en una capilla alejada del centro de la capital jordana, el obispo los bautizó en un total hermetismo.
Fadelle asegura que hoy el perdón y la tolerancia son lo más costoso. “Amar a mis enemigos. Eso es lo más difícil que Cristo me pide hoy, pero Él perdonó aun en la cruz. Ésta es mi auténtica prueba”. Joseph terminó su gran relato pidiendo oraciones para que su fe sea más grande todavía y poder, algún día, perdonar a los que más daño le hicieron: su propia familia.

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