Texto: Clara Almasqué

Entrevistamos a Inmaculada García y Agustina Caride, protagonista y escritora de una historia de bulimia, adicciones, y pérdidas. De una novela basada en hechos reales que, al escribirse, se convirtió en instrumento de sanación. Un hecho real, y dos vidas unidas por el cielo y en la mirada de una misma Madre. Dejamos por escrito algo de lo que fue este #TigrisLive tan movilizador, y que tantas enseñanzas nos dejó (y acá el video completo de la entrevista).

Agus Caride es argentina, y es escritora. Inma García es española. Agus vive en Buenos Aires e Inma en Medjugorje, pero antes de eso vivía en Madrid. Viene de una familia creyente, de dos padres que la quieren y la quisieron mucho, de varios hermanos que crecieron con ella. Inma terminó el colegio, ingresó en la Universidad y comenzó a trabajar en un shopping vendiendo maquillaje. Allí escuchó que alguien cuestionaba el talle de pantalón que le correspondía para encargar su uniforme, y se sintió vulnerable. Es que las palabras a veces construyen, y a veces destruyen. Tanto poder tienen que, a partir de ellas, Inma inició un camino de malas decisiones: de compañías nuevas; de vomitar la comida; de abandonar sus rutinas y adoptar otras; de sentirse distinta. Un camino que está contado en una novela, “La chica de papel”, escrita por Agustina Caride.

“Lentamente fue perdiendo carne y hueso.
Estaba hecha de papel.
Cualquier viento que soplara, la arrastraría”.

Unidas por Dios

Se preguntarán cómo es que Agus, luego de escuchar el testimonio de Inma —entre tantos otros que escuchó en su viaje a Medjugorje— eligió escribir un libro sobre su vida, sin siquiera “avisarle”; simplemente a partir de un video que tomó con el celular, y que miró una y mil veces. ¿Cómo es que dos personas, provenientes de dos partes del mundo tan distantes, pudieron convertirse en instrumento para ayudar a otras tantas?

Le preguntamos a Agus de dónde siente que vino esa inspiración, a lo que respondió: “Yo digo que lo que pasó fue un ángel (…) a mí lo que me llamó la atención mucho después, es que apenas me senté, lo mire a mi marido y le dije que filmara el testimonio. Pero lo más curioso es que mientras Inma hablaba yo vi pasar la novela, y luego me pregunté: ‘¿por eso estoy yo acá, para escucharla y escribir esta historia? Llegué a Buenos Aires y dije: ‘la única manera de responderme a esto es probando’, entonces me puse a escribir; la escribí en dos meses, cosa que no sucede nunca”.

Entre otros hechos inexplicables, la escritora cuenta que en las primeras páginas ella describe el departamento donde vivía Inmaculada. Situó el dormitorio de Ichi (Inma) en el cuarto de servicio —algo poco común en España— para “obligar” a su personaje a atravesar la cocina y encontrarse con la mirada y el silencio de su madre. Cuando la protagonista leyó el manuscrito, le envió un audio sorprendida desde el otro lado del mundo, para preguntarle cómo supo la distribución de su casa. Pues piel de gallina, Agus no lo sabía; simplemente lo escribió, estaba en su cabeza.

Un camino de malas decisiones

“La chica de papel soltaba con facilidad lo que entraba a su boca.
Así también iba a soltar lo que estaba en su corazón”.

Durante el vivo, Inma explica cómo la bulimia, las pastillas, los antidepresivos y las salidas nocturnas deterioraron sus relaciones interpersonales, principalmente las que sucedían puertas adentro, con sus familiares y con quienes más quiere. “Yo con la gente fuera de casa era encantadora, como había sido siempre. Pero con los de adentro cada vez era más violenta, agresiva, desagradable (…) solemos tratar peor a los que más conocemos y a los que más queremos”, concluye.

Medjugorje: hacia una nueva vida

Luego de haber “tocado fondo”, Inma fue como peregrina a Medjugorje. “Llegué obligada por mis padres que me pagaron el viaje. No quería saber nada”, cuenta, y asegura que la motivaba saber que además del viaje de ida, había un pasaje de vuelta. “Yo estaba convencida que Medjugorje era mentira, esa era mi actitud”, asegura. Pero lo que no sabía era que ese viaje que comenzó como peregrina, se convertiría luego en un estilo de vida; que elegiría vivir allí, brindando testimonio y ayudando a tantas otras personas hasta el día de hoy.

¿Por qué “La chica de papel”?

Le preguntamos a las entrevistadas el por qué de este título. Si bien Inma asegura que se trata de un nombre que le genera ternura, confiesa que al principio le sorprendió, ya que nunca se habría considerado a sí misma de papel. “Yo tenía que ser fuerte, resistente, parecer de plástico en la tienda, porque cuando parecés un maniquí vendés mejor. La chica de plástico, de piedra, o de porcelana habría encajado mejor en lo que yo había vivido. Sin embargo, esa porcelana estaba rellena de papel”.

Por su parte, la autora del libro explica que, si bien veía esa dureza en la protagonista, entendía que eso era solo lo que ella quería mostrar, lo que se imponía, así como la sociedad impone ser talle 36 o 34; pero que evidentemente era frágil, era de papel. También asegura que, imaginársela cada vez más delgada, la llevaba de algún modo a compararla con este elemento tan ligero.

Una herramienta de sanación

En el prólogo la protagonista confiesa que no tenía intención de que el libro se publicara: “Era mejor pecar de omisión que de atención; mejor estar callada y parecer tonta, que abrir la boca y confirmarlo”. Hasta que entendió que ella no era más que una herramienta útil en las manos propicias para contribuir a un plan de salvación inconmensurable e inexplicable.

Paradójicamente, “La chica de papel”, ha salvado la vida de su propia protagonista en primer lugar; y ha tocado los corazones de muchos más. “Este libro me rescató”, concluye Inma.

Inmaculada García (protagonista).

Agustina Caride (escritora).

 

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IG: @lachicadepapel.ok

Mirá el vivo completo acá.

 

 

 

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