20 minutos con el Papa

Un relato del último destino de su gira por Bolivia, Ecuador y Paraguay en el que nos invita a los jóvenes a cambiar la “cara de aburridos”.

Texto y Fotos: María José Campos Arbulú

Conocí un poco más al Francisco de los diarios, el que deja en evidencia el mensaje de siempre pero con más brillo. Un relato del último destino de su gira por Bolivia, Ecuador y Paraguay en el que nos invita a los jóvenes a cambiar la “cara de aburridos”…

Tuve la suerte de viajar a Paraguay durante la visita del Papa hace exactamente un mes. Desde entonces en mi cabeza vuelan avioncitos de papel con miles de ideas que merecen ser escritas. Pero como en todo viaje, hay algo que predomina, que brilla más, que resuena y que de alguna manera siento que ha ganado este lugar. Me gustaría contarles un poco sobre el mensaje que nos dedicó a los jóvenes el último día de su gira por el “continente de la esperanza”.

El Papa había preparado un discurso para la ocasión; sin embargo fue más fuerte el deseo de transmitir con la fuerza de la espontaneidad ciertos conceptos. Nos hizo repetir frases, rezar en voz alta y agradecerle juntos a Dios por la vida que nos regaló. Hoy quiero hacer algo parecido, repetir las ideas que él con tanta insistencia remarcó y transmitir en pocas palabras lo que sentimos los que pudimos escucharlo desde cerca.

¿En primera fila?
Esa tarde mi grupo no estaba con la multitud en la Costanera donde se había preparado el escenario para el “encuentro con los jóvenes”. Al llegar nos detuvo una marea humana que regresaba asfixiada de aquel punto de encuentro; no entraba ni un alfiler en ese lugar. Un poco tristes por quedarnos afuera, decidimos igualmente reunirnos en la plaza donde había dos pantallas de gran tamaño. Allí por lo menos lo escucharíamos fuerte y podríamos mirarlo mejor que en una televisión.

Nos sentamos en el cemento; éramos pocos los que nos quedamos afuera de aquél festejo y la mayoría parecía ni siquiera saberlo. Vi como dos jóvenes que andaban en bicicleta por aquél lugar se quedaron un rato mirando la pantalla, y como uno de ellos se marchó a los pocos minutos. El otro seguía con atención la imagen de aquél hombre vestido de blanco que acaparaba la atención de las cámaras y que estaba ahora muy cerca de nosotros mirándonos a través de aquél film. “Estoy viendo al Papa”, recuerdo que pensé y sentí cómo se levantaban de a uno los pelos de mis brazos.

Orlando, Liz Y Manuel
Primero un chico llamado Orlando leyó el Evangelio del día desde el escenario, luego Liz y Manuel dieron su testimonio de vida. La primera, una joven de 25 años cuya madre sufre Alzheimer y que con el tiempo fue involucionando hasta considerarla a ella, su hija, su propia madre. Liz estudió enfermería para poder ayudarla mejor a ella y a su abuela que también está hoy a su cargo.

Manuel es un chico que fue dado en adopción a muy corta edad. Su nueva familia lo maltrató y lo explotó, desde muy chico conoció la soledad y tuvo que luchar para no caer en las adicciones. Ambos contaron cómo pudieron salir adelante gracias al grupo parroquial que los sostiene y acompaña.

Me imagino que fue luego de estas palabras que el Papa decidió dejar a un lado su discurso preparado y empezó con una revelación: “Después de haber leído el Evangelio, Orlando se acercó a saludarme y me dijo: “Te pido que reces por la libertad de cada uno de nosotros, de todos”. A continuación nos invitó a rezar juntos para pedir un corazón libre, para no ser esclavos de las trampas del mundo, de la comodidad, del engaño, de la buena vida, de los vicios, de lo que nos gusta hacer en cada momento.

Entonces, primer concepto: CORAZÓN LIBRE. Luego se refirió al caso de Liz: “(ella) podía haber tranquilamente puesto a su mamá en un asilo, a su abuela en otro y vivir su vida de joven, divirtiéndose, estudiando lo que quisiera”. Dijo que Liz decidió quemar su vida en el servicio, lo que significa un grado altísimo de amor, y que pudo hacerlo porque tiene “un corazón libre”. “Pero Liz no estuvo sola, habló de una tía y del encuentro con los amigos los fines de semana que alimentaban su fe”, así introdujo un segundo concepto, SOLIDARIDAD, que es “cuando nos hacemos cargo del problema de otro.”

En este punto me detuve y anoté esta definición en un cuaderno. “Solidaridad: hacerse cargo de los problemas de los demás”. El Papa siguió explicando: “A Manuel no le regalaron la vida (…) no es un “nene bien”. Dijo palabras duras: “Fui explotado, fui maltratado, a riesgo de caer en las adicciones; estuve solo”. Y en vez de salir a hacer maldades, en vez de salir a robar, se fue a trabajar. En vez de salir a vengarse de la vida, miró adelante.” El Papa nos recordó que son muchos los chicos que tienen vidas muy difíciles. “A esos chicos, a esas chicas, les tenemos que decir que (…) queremos darles una mano, con solidaridad, amor, esperanza.”

Luego resaltó un factor común en ambas historias: Liz y Manuel contaron que en determinado momento conocieron a Jesús quien les dio esperanza y fortaleza. “Y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy: jóvenes con esperanza y jóvenes con fortaleza.” La parte más fuerte quizás del encuentro es la que sigue, donde nos señaló con claridad lo que se espera de nosotros: “No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están ahí no más, ni sí ni no. No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes. Queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza. ¿Por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios. Porque tienen un corazón libre.” Solidaridad. Trabajo. Esperanza. Esfuerzo. Conocer a Jesús. “Un joven que vive así, ¿tiene la cara aburrida?, ¿tiene el corazón triste?”, nos preguntó… y la respuesta es obvia. El Papa comienza a despedirse, repite lo de siempre, que recemos por él y que hagamos lío pero por primera vez aclara “y ayuden a arreglar el lío que arman”.

Termina el encuentro y vuelvo a mirar la plaza, el chico de la bici sigue ahí, el lugar está repleto y mis ojos muy mojados. Lágrimas de emoción, de asombro y de esperanza. El camino es más claro: corazón libre, solidaridad, y conocer a Jesús para ser un joven con esperanza y fortaleza… eso es lo que nos pide Francisco.

Leé el discurso del Papa entero aquí / Reviví el encuentro con los jóvenes en el siguiente video

Written By
More from Tigris
Platos Gourmet
Pescados, mariscos, pizzas y menúes de las ciudades gastronómicas más importantes del...
Leer más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *