El teatro es una arenga

Arenga es un Club Artístico y Social. Un espacio de teatro, arte y cultura. Una casa, que se siente como propia y que acaba de abrir sus puertas frente a la estación de tren de Acassuso.

Arenga es un Club Artístico y Social. Un espacio de teatro, arte y cultura. Una casa, que se siente como propia y que acaba de abrir sus puertas frente a la estación de tren de Acassuso.

Texto y Fotos: Rosario Lanusse

Un living o varios. Mesas, sillones, rincones para entrar y quedarse. Una barra, una cocina, un vestuario con percheros, espejos y bastantes “tesoros”. Un par de maniquíes, un sillón de dentista, bolsas con géneros. Y atrás, pasillo de por medio, una sala de teatro para cincuenta personas. Eso es Arenga. Uno de los lugares casi mágicos, en os que uno entra y enseguida se siente hipnotizado, atraído e intrigado. Un lugar con vida propia, un exponente de lo que el trabajo en equipo y una cuota altísima de esfuerzo son capaces de lograr. “Una arenga es un discurso entusiasta que busca levantar los ánimos y generar motivación. Eso que genera el teatro en el actor (cuando se sube al escenario y encarna a un otro); en el estudiante (cuando descubre ese nuevo comportamiento humano y sus propios modos de ser y sentir); y en el público (que se emociona, se sorprende y se identifica con personajes e historias vivas y en vivo). Creemos que el teatro es una Arenga. Y éste es nuestro manifiesto”, dice Lalo Lanusse, Director de Arenga. Un párrafo similar cubría la contratapa del programa de las muestras de fin de 2013 que se realizaron en el teatro The Suburban Players, en San Isidro. Hasta esa fecha, Arenga era simplemente la conjunción de tres talleres de teatro dictados por él mismo y asistidos por Nico Araque, y no se llamaba Arenga, ni de ninguna otra forma.

En enero de ese mismo 2013, después de diez años ocupando distintos roles en Odiseia, el club de teatro de Martín Blanco, en Martínez, Lalo decidió probar suerte de modo independiente. Lo llamó a Nico, quien había sido compañero suyo en Odiseia, para hacer algo. “Acepté sin dudarlo, pero no sabíamos bien qué podía pasar”, recuerda Nico. Consiguieron una sala de ensayo en Beccar y, con bastante sorpresa, lograron formar dos grupos de quince personas en dos meses. En agosto abrieron un tercero en otra sala en Martínez y para diciembre, cuando llegó el momento de hacer las muestras de fin de año, se dieron cuenta de que ya habían formado una comunidad que podía denominarse escuela de teatro y que no tenía un nombre. Ahí fue que surgió Arenga.

El rápido crecimiento y las dificultades operativas surgidas por dar clases en un lugar, ensayar en otro y hacer las obras en diferentes salas y teatros alquilados, dejó en evidencia la necesidad de tener un espacio propio donde funcionar y centralizar todas sus actividades. No fue fácil: “el lugar debía combinar cuatro factores: una ubicación estratégica, características funcionales para nuestras propuestas, un precio de alquiler razonable y factibilidad de que la municipalidad lo habilitara”, cuenta Lalo. Pero nunca se combinaban las cuatro. Pasó el tiempo, al equipo se sumaron Nicole Leoni y Gaby Martínez Gazoni, que estaba con ganas de crear un centro cultural. “Nosotros ya teníamos una estructura intangible bastante sólida, y ella nos aportó aire fresco y un empuje y una eficiencia diferente a la nuestra”, relata Lalo. Después de un año de ver y recorrer más de treinta locales, en abril de este año apareció uno frente a la estación Acassuso que parecía ser el indicado. Comenzaron las negociaciones con los propietarios y las averiguaciones con la municipalidad. “Nos comía la ansiedad y el escepticismo, porque como ya nos habíamos frustrado varias veces, no queríamos ilusionarnos de más; pero cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos firmando el contrato”, explica Gaby. “Fue una locura: en dos meses conseguimos la habilitación, remodelamos y ambientamos el lugar”, se sorprende Nicky. Por su parte, Gaby agrega: “No sé cómo hicimos… En realidad sí: estando diez horas por día ahí adentro los siete días de la semana”.

El 1ro de agosto Arenga abrió sus puertas al público con muestras de mitad de año que duraron los tres primeros fines de semana del mes y en las que se presentaron monólogos, escenas y performances de todos los alumnos de la escuela. Hoy, además de los talleres de teatro, los fines de semana hay funciones de obras actuadas, dirigidas o escritas por alumnos o profesores de la escuela (las funciones -muy recomendables por cierto se anuncian en su FB y en Instagram). Además se dan talleres literarios, de movimiento expresivo, tango, folklore, pilates y estiramiento, yoga, reiki y meditación, entre otros. Para antes o después de las actividades funciona una cálida recepción ambientada como el living de una casa y dónde se puede tomar o comer algo. Según palabras de Nicky: “literalmente es nuestro living: somos el Club Artístico y Social Arenga, C.A.S.A, y todo lo que hacemos está pensado para que el que venga se sienta como en casa”.

“Es un sueño cumplido”, confiesa Nico. “Durante años, como alumnos o espectadores nos la pasamos visitando teatros independientes y centros culturales a los que les valorábamos o les criticábamos un montón de cosas, y siempre soñamos con armar un espacio propio donde tener las mismas virtudes y evitar determinados defectos”. Por su parte, Lalo arriesga: “Somos una novedad: en Capital está lleno de lugares con propuestas similares y en Zona Norte muy pocos, pero creo que ninguno combina todo lo que combinamos nosotros”. Para sostener o argumentar esta afirmación sólo resta darse una vuelta. Arenga tiene sus puertas abiertas para espectadores, actores, bailarines, escritores y para todos aquellos que estén dispuestos a dejarse atrapar por su magia.

+INFO

Manzone 851, Acassuso / 4792-9804

www.arenga.com.ar / info@arenga.com.ar

Instagram @casaarenga / FB arengappt

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