La magia de los Prunus y sus flores

Durazno, ciruelo, almendro y tantos más. No solo dan frutos, sino que nos deleitan durante su floración.

Decoran los espacios verdes, sus flores son bellas y llamativas; enamoran desde que florecen en invierno, hasta la primavera avanzada. ¡Te contamos todo sobre el género Prunus!

Los Prunus son árboles y arbustos de porte bajo, ideales para plantar en maceta o a suelo directo, en el jardín o en la terraza. Son sin dudas un punto focal donde los coloquemos; atraen nuestra mirada y desdibujan el entorno. Es su virtud encandilarnos en la etapa de floración.


Su ciclo

Los Prunus son caducos, por lo tanto pierden sus hojas rojas, anaranjadas, amarillas y verdes en otoño. En invierno los “invade” el gris y amarronado de su tronco y ramas. Pero para fines de julio, sus flores empiezan a deslumbrarnos con tonos rosados, fucsias y blancos.


¿Qué variedades existen?

Son varias las especies que forman parte del género Prunus. A continuación, les presentamos y describimos algunas de ellas:

Cerezo (Prunus sakura): Es el primero en florecer. Marca la aproximación de la estación más colorida del año: la primavera. Es la flor nacional en Japón, donde guarda un profundo significado. En esta cultura cuentan con numerosas expresiones y tradiciones relacionadas con esta flor, la celebran y admiran cada año. Además, es el símbolo de los guerreros Samurái.

Durazno (Prunus pérsica): Fue uno de los primeros frutales traídos a América por los conquistadores. Pues con esta especie se aseguraban contar con una fuente de alimentación y se abastecían de madera. Sus flores son rosas y blancas, simples y dobles. Este árbol resiste a la calidez del verano y al frío invernal, pero no a las fuertes heladas. Se recomienda plantarlo en suelos bien drenados con fertilización equilibrada con nitrógeno, fósforo y potasio.

Almendro (Prunus dulcis): Al igual que los demás, florece en pleno invierno. Su corteza es gris, el follaje es verde y su flor blanca. Para desarrollarse, solo necesita suelos profundos y clima seco. Soporta perfectamente las sequías. Esta especie alcanza los diez metros de altura.

Damasco (Prunus armeniaca): Su copa es esférica, y su tronco, robusto. Se utiliza en muchas ocasiones para generar sombra. Requiere un suelo “suelto” y rico en nutrientes; sufre las heladas. Puede medir hasta seis metros de altura.

Ciruelo (Prunus doméstica): Esta especie se desarrolla perfectamente en suelos pesados ante altas temperaturas, aunque tolera también el clima frío. En ciudades como Buenos Aires sobrevive sin problema alguno. Vive hasta veinticinco años y su altura ronda los cinco metros.

Ciruelo rojo (Prunus pisardi): Es un árbol de copa redonda y follaje color bordó, lo que lo convierte en una especie muy ornamental. Se la utiliza frecuentemente en los diseños de los espacios verdes y alcanza los ocho metros de altura.

María Laura Vidal Bazterrica – Paisajista – @itasflowers

Contacto: 15-4991-6073 – marialauravidal@hotmail.com

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