Sofía y Tomás

Tres historias de vida. Diferentes, propias, únicas. Un mismo deseo: el de la casa propia. A ellos la vida les sonríe.

Un rosario al Google Earth

Son las tres de la madrugada y la cosa está latiendo a full. ¿Cómo detenerla? Pero si todavía ni empezaron a hablar de la paleta de colores, de los géneros de las cortinas, de si habrá una pared destinada a las fotos de los viajes o si Rumba dormirá en la cocina o a los pies de la cama. Ríen y se abrazan. Se pellizcan para creérselo, aunque más que un pellizco eso da la sensación de ser una caricia que invita al festejo. Allí están Sofía y Tomás, tirados en el sillón del living, adormecidos en los laureles. Hace unas horas no más, el SUM de Eidico estallaba de gente que esperaba el gran sorteo gran. Así, en capicúa, como si un cartel luminoso anunciara el momento más esperado de la noche. El bolillero gira y gira… llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el fruto de tu vientre… gira y gira… Sofi sujeta con una mano el Rosario que la acompaña desde hace dos años, con la otra abraza a Tomás. Él aprieta fuerte la carpeta que le dieron cuando llegaron, está un poco cansado porque trabajó desde temprano… gira y gira… la pasó a buscar con el auto, ella estaba arregladísima, como para una fiesta;. gira y gira… desde que arrancó el sorteo que no se despegan. La bola se detiene y el zoom de la cámara distingue un 39. Los ojos de Tomás son más veloces que una trompada a la quijada y saltan antes de que sus músculos se tensionen con pasión alrededor de su mujer. Ganaron. Ganaron. Sí, ganaron. La casa es de ellos. “La casa Sofi, la casa. Ya la tenemos. Es nuestra”.

Sofía Zamudio y Tomás Auguste se casaron hace dos años y desde entonces fueron inquilinos; ese estado que en ocasiones crea cierta angustia a futuro. Les parecía una utopía la casa propia, en un país en el que el crédito se puso bravo. Fue Tommy el que, al conocer el proyecto de Eidico Casas, convenció a su mujer para aventurarse en esto. Recibieron el apoyo de sus familias, esos seres queridos que ya visitaron más de una vez el lote de San Patricio desde el aire, porque vienen gastando el Google Earth. Los renders ya se los conocen de memoria. Mil veces se han metido en esa hiperrealidad que les permite imaginarse aún más el devenir de la vida hogareña.

Todo llega y todo llegará. Tienen en claro que jamás olvidarán el esfuerzo de alcanzar el sueño. Están dispuestos a sacrificarse y a dejar grabadas estas palabras para recordar por siempre la alegría de este momento: “No me olvidaré de todas las veces que hemos charlado con Tomás sobre tener nuestra propia casa, de dejar de alquilar e invertir ese dinero en un techo propio, ésa era una meta súper importante en nuestra vida. Hoy damos gracias por habernos arriesgado a conseguirlo. Con esfuerzo y fe todo se logra”.

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