¡Peligro en la calle!

La ley de la selva rige el tránsito. ¿Culpables? Todos: conductores y peatones.

Texto: Dolores Campos Arbulú – Ilustración: Nicolás Bolasini

La ley de la selva rige el tránsito. ¿Culpables? Todos: conductores y peatones. Paremos un poco, desaceleremos y recordemos que se puede apuntar al tránsito responsable. Pero atención, no es una lectura apta para apurados…

Salimos de casa y ya estamos tarde. Las calles pasan a ser nuestras pistas de carrera, los semáforos en amarillo se vuelven verdes y los rojos se vuelven amarillos. Y los peatones calculamos con nuestro cronómetro interno las posibilidades de llegar al otro lado sin que nos pisen y, ¡oh casualidad!, siempre creemos poder llegar.

Nuestro campo de visión se reduce a nuestros objetivos, el mundo exterior se borra de nuestro panorama y las personas que se nos cruzan en el camino empiezan a ser obstáculos cuya única finalidad pareciera ser retrasarnos. Terminan las vacaciones, el tiempo empieza a volar de nuevo y no nos queda más que perseguirlo. Nunca nos es suficiente, nunca nos sobra, siempre corremos y como en toda carrera, la hacemos individualmente.

Pero paremos un poco y analicemos los efectos de este estilo de vida en la vía pública. Según estadísticas publicadas por la Asociación Civil “Luchemos por la Vida”, la Argentina muestra uno de los índices más altos de mortalidad producida por accidentes de tránsito: 22 personas mueren por día, 8 mil por año y más de 120 mil resultan heridas anualmente en distinto grado.

Un estudio realizado por la misma entidad en Suecia, Holanda, Estados Unidos, España y la Argentina brindó otro dato alarmante: la disminución de accidentes de tránsito entre 1990 y 2012 en los primeros fue superior al 25%, mientras que en la Argentina el porcentaje fue de 0%. Es decir, en 22 años no redujimos los accidentes de tránsito. Pero entonces, ¿de quién es la culpa? ¿De los autos mal diseñados? ¿De las calles mal pavimentadas? No, esta vez la culpa es nuestra. Según la reconstrucción de Accidentes de Tránsito realizado por el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI), el 88% de los accidentes se debe a una “causa humana”.

¿“Saber manejar”?
Claudio Jofre, instructor vial de licencias de conducir, cree que la problemática de los accidentes de tránsito en nuestro país se debe en gran medida a una cuestión sociocultural. Al individualismo y al vivir aceleradamente se le suma la falta de formación de los conductores que se ve reflejada en los exámenes teóricos de quienes se acercan a renovar el registro. Desaprueban más los que rinden el examen teniendo ya el registro que los que son evaluados por primera vez. Por lo tanto, saber manejar no significa coordinar los pies, arrancar y estacionar. Hace falta conocer la reglamentación, lo que se puede hacer y lo que no, las excepciones y tanto más… Es mucha la ignorancia acerca de las normas y a esto se le suma el poco respeto por la autoridad del control.

 Peatones en peligro
Los “a pie”, por otro lado, no quedan fuera del asunto. Los que caminamos por la calle somos los actores principales en la vía pública y, aunque sorprenda, somos todavía más transgresores que los conductores. ¿Cómo puede ser? Por el alto nivel de imprudencia y el exceso de confianza que depositamos en nosotros mismos y en los conductores anónimos. Las distracciones son cada vez mayores y los incidentes también. Se volvió normal ver a la gente caminando por la calle mientras escucha música, habla por teléfono o manda mensajes. Es que pensamos que la vía pública pasa a ser dominio nuestro, algo así como que el “peatón siempre tiene la razón”, y nos olvidamos de que también nosotros tenemos obligaciones.

DATO: un estudio realizado por el Ministerio de Salud de la Provincia y la Fundación Trauma, en ocho hospitales bonaerenses, reveló que un 35% de las lesiones en los traumas atendidos (unos 3.750 casos), corresponde a personas que sufrieron un accidente de tránsito, y los casos que terminan en defunción son protagonizados mayormente por peatones. Evitemos el “a mí nunca me va a pasar” y abramos los ojos: puede pasar y pasa, pero como todo incidente, se puede evitar.

Cero alcohol
Basta de rozar los límites, de calcular mentalmente cuánto puedo tomar sin que el test dé positivo. Guiarnos por las cantidades de alcohol en sangre permitidas no sirve. El efecto de un vaso de alcohol va a variar en cada persona dependiendo de su edad, de su peso, de si comió o no, de si es mujer o varón, del estado de su hígado, entre otras cosas. Además, vale aclarar que los valores permitidos de alcohol también producen efectos sobre la persona, por lo que igualmente aumenta el riesgo.

Valores permitidos y sus efectos:
· 0.15 g de alcohol x L. de sangre: reflejos disminuidos > 0.20 g de alcohol x L. de sangre: falta de detección de las distancias
· 0.30 g de alcohol x L. de sangre: subestimación de la velocidad > 0.50 g de alcohol x L. de sangre: euforia y falta de detección de situaciones riesgosas y peligrosas

Mitos del cinturón de seguridad
Muy pocas personas usan el cinturón de seguridad como es debido. Con el tiempo se fueron generando mitos acerca de su uso y son repetidos como si fueran datos científicos.

Mito 1: El airbag es suficiente protección en caso de un choque.
Si una persona que maneja sin cinturón de seguridad choca, su cuerpo se irá para adelante debido al impacto y se aplastará contra el volante al mismo tiempo que se abre el airbag, lo que equivale a un golpe de 15 kilos si venía a gran velocidad. Por eso, el airbag por sí solo puede terminar siendo un obstáculo. Su uso debe ser complementario al cinturón de seguridad.

Mito 2: No hace falta usar el cinturón de seguridad en la segunda fila.
En caso de un choque, la persona que se encuentra en la segunda fila sin cinturón de seguridad no sólo pone en riesgo su propia vida sino también la de las personas que están adelante.

Mito 3: No hace falta usar cinturón en trayectos cortos.
Un choque no sólo se produce en grandes avenidas y largos viajes; puede provocarse en cualquier momento y lugar.

Chequeo del auto
Antes de poner en marcha un auto siempre es bueno tomarse un tiempo para chequear todos los fluidos. Esto nos permite verificar que todo esté en orden mientras que los materiales están en frío. Si el motor está caliente, los materiales se dilatan y recién se contraerán una vez que se enfría el motor -por ejemplo al frenar- y probablemente ya sea tarde para volver atrás. En cuanto a la verificación técnica, se hace a partir de los dos años del 0 km y se renueva todos los años.

 Salir con los más chicos
Al igual que el cinturón de seguridad protege a los grandes, es necesario utilizar los elementos necesarios para la protección de los más chicos. Hasta los 4 años, los chicos deben ir con un “Sistema de Retención Infantil”, más conocido como “sillita”. La butaca más adecuada para cada auto se encuentra especificada en el manual del mismo.

 Para el recién nacido se utiliza una butaca que va colocada en los asientos traseros y mirando hacia atrás hasta que pase el primer año. A partir de los 4, cuando ya no necesita el sistema de retención, y todavía no va a poder usar el cinturón de seguridad -porque una persona debe medir como mínimo un metro y medio para que lo proteja como corresponde-, lo que hay que hacer es poner un “booster seat” en la butaca del auto. Así, cuando el niño se sienta, puede ponerse el cinturón de seguridad correctamente.

 Ricardo A. Gitlin, técnico en Accidentes Viales, aconseja la mejor forma de utilizar el Sistema de Retención Infantil:

 Cómo sujetarlas al asiento: seguir las recomendaciones presentes en la propia sillita.

 Ubicación ideal: el sitio más seguro es el eje central del asiento trasero para protegerlo de los impactos laterales.

 La orientación correcta: mirando para atrás, al menos hasta el primer año de edad y 13 kg.

 La solución está en vos
Un minuto de precaución. Un minuto de prudencia. Un minuto. Somos nosotros los que tenemos que poner nuestra gota en el mar para revertir la situación y no esperar a que los demás hagan algo. Tomémonos el tiempo para hacer bien las cosas: esperemos a contestar ese mensaje o llamada cuando lleguemos a nuestro destino, esperemos a que el semáforo se ponga en verde, esperemos a que todos se pongan el cinturón de seguridad antes de salir, esperemos a tener el auto en condiciones antes de precipitarnos para llegar puntuales a donde podríamos terminar con una ausencia.

 El tiempo corre, la carrera sigue, pero frenar un minuto no nos va a hacer perder la competencia. Sí nos puede hacer perder la vida.

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