Reconstruir la unidad

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Texto: Mónica Fernandez – Ilustración: Nicolás Bolasini

El desafío de reconstruir la unidad y volver a crecer – Aunque analistas y economistas pronostican que no será un año sencillo, confían en que el país podría volver a crecer después de casi cuatro años de estancamiento. La clave de 2016 será lograr diálogo y acuerdos. Para la planificación de las finanzas personales, la recomendación es no asumir demasiadas deudas y tratar de generar al menos una pequeña porción de ahorro.

El flamante Presidente acaba de asumir y el verano pasará -se espera- en una suerte de tregua o luna de miel con los distintos actores económicos de la Argentina que ya prometieron un voto de confianza para que el Ejecutivo y su equipo de ministros puedan poner a rodar sus estrategias. Al cierre de esta edición, los miembros del gobierno electo estaban aún en una etapa de reconocimiento de campo en el que, se estima, encontrarían bajo la alfombra muchas más sorpresas de las que quizás se preveían. Los desafíos no son pocos y van mucho más allá del cepo, la devaluación y los precios, temas que aparecen primero en la mente de los argentinos. Importantes, claro, pero en absoluto excluyentes.

El equipo del presidente Mauricio Macri tiene los desafíos de hacer crecer una economía que hace varios años está en recesión; volver a mostrarse creíble para quienes piensan en invertir, sean locales o extranjeros, grandes empresas, pymes o pequeños comercios; devolverles competitividad al campo y a las economías regionales del interior del país; poner en alto la voz y la independencia de la Justicia, y garantizar ciclos escolares completos y de calidad, entre una larga lista de ítems que, por supuesto, incluye también la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico. A todo y más se comprometió el Presidente. Claro que el camino no estará libre de obstáculos. “La herencia económica que recibe el Presidente electo es una economía en estanflación, bloqueada por regulaciones e intervenciones estatales, y al borde de una crisis de balanza de pagos. La nueva administración enfrentará un escenario conflictivo que deberá administrar con eficiencia y sin errores desde el inicio de su gestión”, describe categórico Héctor Rubini, economista del Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la Universidad del Salvador (USAL). Pero aclara de inmediato que, aunque la situación no es sencilla, no hay temores de estallidos inflacionarios ni desbordes sociales o pánicos financieros.

La gestión del nuevo gobierno deberá ser, coinciden analistas políticos y económicos de distintas vertientes, precisa, certera, sin margen para los errores ni distracciones en asuntos que no sean vitales. Los primeros signos del equipo puesto en funciones el 10 de diciembre parecen ir en ese sentido. “Los gobiernos son para hacer y para resolver problemas. Estamos desacostumbrados a tener un Poder Ejecutivo concentrado en resolver problemas concretos, pero vamos a tener la responsabilidad de conseguir consensos parlamentarios”, dijo en una de sus primeras declaraciones públicas el ministro del Interior Rogelio Frigerio. Ése será uno de los puntos clave: avanzar en el diálogo con las otras fuerzas políticas y sellar acuerdos. En ese mismo sentido, Frigerio llamó a más unidad y federalismo. “La Argentina no tiene futuro en el país unitario en el que se transformó. Tenemos que generar, con medidas concretas, ese federalismo homogéneo y equilibrado de todo el territorio nacional”, planteó. Una primera lectura de lo anunciado hasta el momento abre una ventana de esperanza hacia la unificación y el diálogo. Sumar y no desarmar todo lo andado; sostener los logros que la administración kirchnerista acuñó como planes sociales y precios cuidados, y avanzar en los múltiples frentes que requieren de medidas para afianzarse.

La economía que viene
Así, desde el punto de vista económico, el tema que sin duda más nos preocupa a la mayoría de los argentinos e impacta de lleno en la planificación y proyectos para 2016 es el desafío de generar más trabajo, contener la inflación y ampliar las oportunidades. El mayor temor de buena parte de la sociedad es al impacto negativo que un eventual ajuste fiscal, monetario y cambiario (al cierre de esta edición nada se había anunciado concretamente en ese sentido) pueda tener sobre el ingreso disponible de las familias. Como contrapartida, desde el nuevo gobierno se ocuparon de asegurar que las conquistas sociales del gobierno de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner no serán modificadas. Se mantendrán inalterables los planes sociales y subsidios a las familias más vulnerables que son un derecho otorgado por ley. Seguirán, al menos durante un tiempo, el programa de Precios Cuidados y las cuotas del Ahora 12.

Otro dato positivo y de efecto inmediato sobre el salario de bolsillo es que se ajustará el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. Esto quiere decir que subirá el piso a partir del cual una persona tiene que tributar este impuesto sobre su salario. El presidente Macri lo calificó como “una estafa a los trabajadores”. La liberación del tipo de cambio podría generar presión inflacionaria sobre los precios de bienes y servicios. La clave estará en el diálogo y los acuerdos que puedan generarse a partir de ahora con empresarios y sindicalistas para amortiguar el impacto. Según los cálculos de Diego Martínez Burzaco, economista de Inversor Global, “no se puede esperar que la inflación ceda demasiado, y oscilaría en torno al 25%/27% anual en 2016”. En ese sentido, la lectura de Juan José Llach, director del Centro de Estudios de Economía del IAE de la Universidad Austral, deja espacio para cierto optimismo de mediano plazo. “El panorama global es poco favorable, pero las principales evidencias indican que las cosas no empeorarán, y aún pueden mejorar lentamente”, sentencia. “La gran pregunta -avanza el economista- es si es posible crecer cuando al mismo tiempo hay que corregir precios relativos y encaminarse a una inflación decreciente. Hay un antecedente valioso que es el de Chile a partir del restablecimiento de la democracia en 1990. Creciendo más del 6% anual, logró bajar la inflación del 28% a menos del 10% en poco más de cuatro años. Aunque tuvo la ventaja de no tener que corregir el tipo de cambio y las tarifas públicas tanto como es necesario en la Argentina de hoy, el ejemplo es relevante”.

Bajo el contexto actual, el arranque de este 2016 no será fácil y la recomendación general de economistas y analistas es ajustar los gastos y tratar de generar un ahorro de al menos el 10%/15% del ingreso. Además, se aconseja no endeudarse con tarjetas de crédito que generen una obligación mensual que no pueda cumplirse, ya que esto causaría que la deuda se multiplique a tasas de interés que, se prevé, irán en alza durante el año. Los desafíos por delante son grandes y seguramente habrá costos que asumir. La recompensa a mediano plazo sería volver a tener una economía creciente, generando empleo genuino para todos. “En términos de actividad económica creo que vamos a tener un mejor año que 2015, creciendo en torno al 2%/2,5% anual”, arriesga Diego Martínez Burzaco. “Me baso en el hecho de que todo cambio presidencial renueva las expectativas, y también creo que se irán avanzando en las soluciones parciales para atender los desequilibrios económicos en el país”, argumenta confiado.

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