Un caso, en primera persona

La idea de Facundo Moro, Segundo Fernández Madero y Diego Zimmermann empezó a tejerse mientras estudiaban diseño industrial en la FADU (UBA). Armaron un taller para hacer las entregas de la facultad en una casita prestada. “Todas las tardes nos íbamos al río una hora, de recreo, a tomar mate”, recuerda ahora facundo. “Disfrutábamos tanto esos momentos que surgió la idea de rediseñar unas reposeras que habíamos visto, como si fuera un trabajo para la facultad”.

Así, en 2010 arrancaron con Chilly Design: “hicimos cien reposeras con nuestros ahorros, las vendimos en una feria de navidad y seis años más tarde llevamos casi quince mil reposeras vendidas y cuatro productos más en el mercado”, sintetiza.

Entre esos comienzos y el presente, la historia fue de superación y profesionalización progresivas: “en 2013 terminamos la carrera y decidimos formar una SRL y armar una empresa de productos para el aire libre. Nos volcamos a trabajar los tres socios full time en Chilly”. Sus productos -reposeras, mantas, sillas, materas-, se venden en más de ochenta locales, y para 2017 el objetivo es subir otro peldaño: empezar a exportar sus productos.

“Lo que más nos entusiasma de emprender es el desafío de crear una red de valor que tenga en cuenta a todos los que interactúan con el producto, desde el diseño hasta el desarrollo de estampados con artistas y la confección junto a ONG, llegando al cliente con un producto innovador”, se enorgullece Facundo.

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