Escuchar, validar y actuar a tiempo puede marcar una diferencia enorme en la vida de un niño

Desde Equipo ABA , junto a Carolina Tiscornia, nos ayudan a reflexionar sobre el bullying, cómo detectarlo a tiempo y la importancia de acompañar a nuestros hijos con escucha y contención.

Para muchos chicos, el colegio es un espacio de aprendizaje, encuentro y crecimiento. Pero cuando empiezan a aparecer el miedo, la angustia o las ganas de no ir, es importante detenerse y mirar qué hay detrás de esa emoción.

Una señal como “no quiero ir al colegio” no siempre es una simple resistencia o falta de ganas. En algunos casos puede estar indicando que el niño está atravesando una situación difícil, como el bullying.

Lo primero que debemos comprender es que el bullying no es un conflicto común entre pares. En un conflicto normal, ambas partes tienen un nivel similar de poder, pueden sentirse enojadas o lastimadas y cuentan con herramientas para intentar resolver la situación.

En cambio, cuando hablamos de bullying aparece un desbalance de poder: una persona agrede, excluye o humilla de manera repetida, mientras la otra queda en una posición de vulnerabilidad y muchas veces siente que no puede salir de esa situación por sus propios medios.

Una pregunta clave para los adultos es: ¿Mi hijo puede resolver esto solo? Si la respuesta es no, es momento de prestar atención e intervenir.

La importancia de escuchar sin minimizar

Uno de los primeros pasos es generar un espacio donde el niño pueda hablar y sentirse acompañado. Cuando un hijo dice “la estoy pasando mal”, “me molestan”, “me dejan de lado” o “no quiero ir”, es fundamental validar lo que está expresando.

Validar no significa exagerar ni anticipar lo peor. Significa reconocer que para ese niño lo que está viviendo tiene un impacto real y merece ser escuchado.

Muchas veces, por querer tranquilizar, los adultos podemos caer en frases como “no les des importancia”, “son cosas de chicos” o “ya se les va a pasar”. Sin embargo, para quien lo está atravesando, esa situación puede sentirse muy dolorosa y difícil de manejar.

Señales de alerta a las que prestar atención

El bullying no siempre aparece en forma de una confesión directa. Muchas veces se manifiesta a través de cambios en la conducta:

  • Más irritabilidad o sensibilidad de lo habitual.
  • Llanto o enojo frente a situaciones que antes no generaban esa reacción.
  • Dejar actividades que antes disfrutaba.
  • Cambios en sus vínculos o aislamiento.
  • Angustia especialmente los domingos a la tarde pensando en volver al colegio.
  • Síntomas físicos como dolores de panza, cabeza o espalda, que pueden estar relacionados con el estrés y la ansiedad que genera enfrentar una situación que sienten como amenazante.

El rol de la familia: acompañar y proteger

La familia tiene un rol central: brindar contención, transmitir seguridad y reforzar un mensaje fundamental: el niño no es responsable de lo que está ocurriendo.

Pero acompañar desde casa no siempre alcanza. Cuando existe una situación de bullying, es necesario que intervengan los adultos responsables y que haya un trabajo conjunto con la institución educativa.

El objetivo no es exponer al niño ni dejarlo solo frente al problema, sino construir una red de apoyo donde pueda sentirse protegido y acompañado.

Recuperar espacios donde pueda sentirse seguro

Además de intervenir sobre la situación, es importante ayudar al niño a recuperar confianza y bienestar emocional: fortalecer sus vínculos positivos, acompañar sus intereses y generar espacios donde pueda sentirse valorado, aceptado y querido.

Porque muchas veces una conversación a tiempo puede abrir una puerta enorme.

Escuchar, observar y actuar puede cambiar la forma en que un niño atraviesa una experiencia difícil.

No minimicemos las señales. Detrás de un “no quiero ir al colegio” puede haber un pedido de ayuda que necesita ser escuchado.

Gracias a Caro por ayudarnos a reflexionar sobre el bullying, cómo detectar sus señales a tiempo y la importancia de acompañar a nuestros hijos con escucha y contención.

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