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“¿Cómo te devuelvo todo esto?”, le pregunté al italiano que me hospedó en su casa en Lucca. “No te preocupes” -me respondió Stefano- “seguramente yo me hospede en algún lugar en donde me recibirán de la misma forma”. Su calidez y su generosidad aún hoy me conmueven.

Texto: Victoria Portillo

Coachsurfing es una plataforma de viajeros en la que uno ofrece hospedaje o busca poder quedarse unos días en la casa de alguien. No sólo es absolutamente gratuito sino que el poder conocer el lugar de esa forma, hace que lo puedas aprovechar al máximo.

Junto a Stefano, visité festivales de música en diferentes pueblitos, recorrí Lucca en bicicleta, conocí  historias y todas las noches terminamos el día alrededor de una mesa comiendo exquisiteces y  filosofando sobre la vida.

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“Victoria, ¿querés visitar un pueblo en donde hay un fantasma?”, me preguntó una vez. No es que crea en ellos, pero mi curiosidad puede llevarme a cambiar un pasaje de avión ante una aventura semejante. Hacia allí partimos los dos después de buscar unas cervezas y preparar un picnic (en Italia, pensar en comer es más importante que respirar). En el camino, Stefano se negó a contarme la historia; quería hacerlo mientras la caminábamos.

Toiano es un pueblito muy chiquitito que se encuentra en la provincia de Pisa, en Italia. Se trata de tan sólo unas cuadras de casas abandonadas rodeadas de mucha vegetación e históricos árboles frutales. Se encuentra sobre una colina desde la que se admira una vista impresionante de viñedos y de Volterra a lo lejos.

Al llegar, fuimos recibidos por una Iglesia abandonada y del otro lado, un cementerio de no más de veinte tumbas en el que algunas flores daban cuenta de que alguna vida pasa de vez en cuando por el lugar. En este pueblito alguna vez convivieron las historias de quinientas personas, hasta que la de una sola influyó en las del resto.

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Cuentan que Elvira era una campesina de veintidós años que trabajaba en una finca cercana perteneciente a una familia muy importante de Roma. Una mañana en la que tenía que lavar ropa salió de su casa a buscar agua a una fuente que se encontraba camino al bosque y no regresó. Su cuerpo fue encontrado horas más tarde, casi decapitado.

El novio, con quien iba a casarse, fue acusado y detenido durante dos años en los que no se cansó de asegurar que era inocente. Al ser liberado, Ugo dedicó su vida entera a intentar encontrar la verdad. Murió sin lograrlo hace sólo un par de años.

Cuentan que desde entonces el fantasma de La Bella Elvira, como la llaman, se pasea por Toiano todas las noches. Dicen que se la ve recorrer el pueblo envuelta en un vestido ensangrentado buscando aquello que, al no encontrarlo, la lleva siempre a sentarse en las mismas escaleras a llorar. Cuenta la leyenda que debido a esta presencia, los habitantes incómodos han ido abandonando sus casas.

Caminamos por Via del Castello, que es la única calle de este lugar abandonado. Lo hicimos con ese cuidado que uno siente cuando está invadiendo la historia de otro. En silencio intentamos poder escuchar algún sonido que nos llevara a Elvira. Algunas prendas colgadas de una soga en el costado de una de las casas detuvieron nuestros pasos. Alguien se había animado a pasar sus días allí. Tal vez él podría contarnos algo, seguramente la hubiera escuchado. Buscamos al valiente, pero no lo encontramos. Quizás sea el mismo que deja las flores en el cementerio. O, tal vez, al haberse ido todos, Elvira sea la única habitante del pueblo que no supo defenderla.

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Decidimos irnos en voz baja, dejando antes una cervecita y un sándwich de prosciutto de Parma y mozarella. Quizás al encontrarlos Elvira ya no llorara…

Vicky,
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