Seguramente todos coincidamos en que las vacaciones son el tiempo para relajarse, no poner el despertador ni tener horarios fijos. Eso es descanso. Pero, además, son días para disfrutar de esas personas que queremos y no vemos tan seguido como nos gustaría, ya que el ritmo en el que estamos sumergidos a veces nos envuelve y no llegamos a encontrar tales momentos. Es una ocasión para poder hacer esas tareas que tenemos anotadas en la agenda y nunca llegamos a tachar. Pero lo más importante de todo es lograr vivirlo como una nueva oportunidad para afianzar la vida común de la familia.

Texto: Rosario Romero Victorica*

 

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El clima de ocio que se respira en estos días ayuda a las relaciones familiares. Digo esto porque los chicos también están relajados, descansan de sus responsabilidades, y este ida y vuelta de “buena onda” tiene que ser aprovechado por los padres. Desayunos largos a los que cada uno se va sumando a medida que se despierta, y donde las charlas comienzan a gestarse y los planes del día se entrecruzan entre cada uno de los integrantes de la familia.

Se trata de desconectarnos para conectarnos. Desconectarnos de la rutina para conectarnos con nuestros hijos, con nuestro marido o nuestra mujer, con nuestros hermanos, tíos, padres y primos e incluso amigos. Disfrutar de una buena película o de una ida al cine. Concretar ese programa que venimos postergando, para que no sea sólo un sueño. Este descanso para todos supone llegar a ciertos acuerdos: salidas, invitaciones, idas y venidas, programas que implican gastos extras. Todo ello es motivo de charla y nuevos pactos para lograr que todos disfrutemos de las tan ansiadas vacaciones.

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Los hijos en edad escolar disfrutarán de estos días. Podemos pensar en vacaciones de calidad, que sirvan para cargar energía y renovar las fuerzas para encarar la segunda mitad del año. Muchos adolescentes plantean estos días como el tiempo “para no hacer nada”. Playstation, Netflix, pochoclos, redes sociales y mucho sillón. Todos sabemos que ése es el entorno en el que están inmersos, pero podemos aprovechar para promover un descanso que no sea “matando” el tiempo sino más bien, “viviéndolo” a través de actividades que se disfruten de acuerdo a las edades de cada uno. La práctica de deporte es una excelente alternativa, y más si lo es en grupo. Luego puede venir un rico té que recargue las energías. Y allí es donde los padres podemos hacer nuestro aporte. Abrirles la casa para que se reúnan. Que su hogar sea hogar también de sus amigos. Para ello no hace falta una comida lujosa, sino más bien una actitud de bienvenida hacia todo aquel que cruce puertas adentro nuestra casa.

Entonces podremos decir que lo más importante de las vacaciones será, sin dudas, el recuerdo imborrable que quedará en nuestra memoria y en la de nuestros hijos, cultivando los afectos y afianzando este “ser familia” que tanto se necesita y tantas satisfacciones nos regala.

 

Más información:
Rosario Romero Victorica, orientadora familiar
Universidad Austral
informesicf@austral.edu.ar
5239-8000 int. 7530

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