Remando, en barco o en auto hay que conocer Villa La Ñata, en Tigre. En este paraje de pocos habitantes, apartado del mundo, sobre el agua de nuestro Delta, Tía Ñata Restó Grill abrió sus puertas hace dos años. Una experiencia de ensueño, con deliciosos platos, aroma a comida casera, buen vino y opciones deportivas para disfrutar una jornada al aire libre.

Texto y Fotos: María Mullen

Tigre sigue sorprendiendo con lugares recónditos donde ir a comer y disfrutar de la belleza del río y de la naturaleza: esta vez, en el Paraje Villa La Ñata. Ubicado entre el Canal Villa Nueva, el Canal García, el Canal Rioja y el río Luján, este lugar tuvo sus orígenes a principios del siglo XX, y debe su nombre a una señora austríaca, Clara Gisinguer. En 1902 su esposo, el ingeniero Ortuzar, bautizó la casita que ambos tenían sobre el río Luján con el sobrenombre de Clara: “Isla Ñata”. Un cartel lo anunciaba en su muelle, como es costumbre en todo el Delta.

En los últimos años, Villa La Ñata desarrolló opciones turísticas: un paseo comercial, una ribera prolija y urbanizada, y sobre todo, un restaurante que está dando que hablar: Tía Ñata Restó Grill.

Lo que más impacta y enamora desde el primer momento, es la sensación de estar suspendido sobre el río. Al estar ubicado en el cruce de dos canales, las vistas al agua por ambos lados dejan a cualquiera boquiabierto. Mientras unas pocas embarcaciones o grupos de remeros se deslizan de un lado al otro y los juncos danzan al compás del oleaje, varias mesas bien dispuestas sobre un deck (techado y preparado para invierno y verano) invitan a degustar alguna delicia y sumergirse en un clima de tranquilidad absoluta y bienestar. A cuarenta y cinco minutos de Capital Federal, en Villa La Ñata el reloj se detiene y hasta la luz del sol se luce de manera especial al inundar algunos espacios. Plantas y flores cuelgan del techo, faroles a keroseno se encienden por las noches; sillas y lámparas de mimbre de distintos colores y cómodos almohadones aportan calidez al lugar. Cerámicas y platos de todos los colores, frutas a la vista y objetos de décadas pasadas son parte de una decoración vintage que atrapa con sus minuciosos detalles: cámaras de fotos, remos y tablas de esquí acuático de madera colgados de las paredes, un teléfono de la década del 60, fotografías en blanco y negro, botellas, valijas de cuero de viejos vecinos y hasta una cocina a leña en medio del salón son parte de la ambientación.

A TODA HORA LA MESA LISTA 

Tía Ñata está abierto todos los días desde las ocho de la mañana hasta pasada la medianoche. “Decidimos no cerrar ningún día de la semana; si alguien llega hasta este lugar recóndito, siempre encontrará nuestras puertas abiertas”, cuenta Jeremías, uno de los socios fundadores. La carta, elaborada por el chef Alejandro Miranda y su equipo de cocineros, incluye desde cazuela de mariscos en salsa portuguesa y fileto con papas españolas, rabas a la romana, salmón rosado grillado a la oriental sobre juliana de vegetales, sésamo y salsa teriyaki, lomo a la pimienta con salsa demiglace al cognac; y por supuesto cortes de carne, cerdo y cordero a la parrilla, ensaladas y sándwiches. Entre los vinos de la casa, se destaca Puentes del Río, un blend elaborado en Mendoza, dedicado a Villa La Ñata. Las tortas son de Andy Pastelería (Andrea Crescini), y las más solicitadas son la de mousse de chocolate blanco y negro y la torta brownie con crema, dulce de leche y merengue. La cafetería es de Nespresso, y hay opciones muy accesibles para desayunar o tomar el té. El lugar cuenta con wifi y, si bien no se alquila para eventos privados, son muchos los grupos de empresarios de la zona que eligen el lugar para reunirse y hacer almuerzos de trabajo.

SOBRE EL AGUA

Tía Ñata ofrece doce metros de amarre de cortesía. “Hay muchos clientes que llegan en su propia lancha, desde Santa Catalina o alguno de los barrios náuticos del complejo Villa Nueva, ya que estamos conectados por el mismo canal. Otros llegan remando o también en la lancha colectivo que sale desde Tigre los fines de semana”, cuenta Jeremías. Para quienes quieren sentir más de cerca el agua, allí pueden alquilar kayaks ($100 la hora el kayak individual). Para los que buscan acercarse a la sensación de volar, se ofrecen viajes en paramotor ($800 los veinte minutos).

Además, hay promociones durante  la  semana  que  valen la pena: menús ejecutivos del mediodía, Ladies Night los miércoles, y lunes y martes de pastas 2×1. “Cada fin de semana tenemos doscientos cubiertos simultáneos -cuenta Jeremías-. La gente se va muy contenta con la experiencia completa y el descubrimiento de Villa La Ñata”. Se estima que doce mil personas visitan el  paraje  cada fin de semana, y gracias a las propuestas  gastronómicas  del paseo comercial, se está consolidando como un nuevo destino para los que buscan comer frente al río, lejos de la urbe.

+INFO

Dónde: Las Heras & Avellaneda, Dique Luján, Tigre

Teléfono: 5665-8440

Web www.latiañata.com.ar

FB latianiata

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