Entrevista a Juan Pérsico, el baterista de Agapornis, la banda juvenil del momento. Pero primero, Juan es un apasionado por la Arquitectura. Se identificó con los planos de su mamá desde muy chico y, a partir de ahí, supo cuál era su destino. La historia de un joven a quien el éxito musical jamás lo hizo dudar de su verdadera vocación.

Texto: María Stellatelli – Fotos: Lourdes García Traverso y cortesía Human Camp

Nos recibió en su departamento de Puerto Madero en una soleada tarde invernal. Su hogar, acogedor y muy bien puesto, digno de un futuro arquitecto. De fondo sonaba Virus en un tocadiscos. Una imagen de Agapornis al lado del televisor. Pero lejos del enorme éxito de la banda de La Plata, Juan, un joven de 26 años y a pocos finales de ser arquitecto, es un apasionado por su carrera.

Lo escuchamos por primera vez en la 2ª edición de Human Camp Vocacional, que tuvo lugar en La Rural el pasado abril. En esta segunda oportunidad charlamos con él tête à tête, nos contó sus anécdotas y nos contagiamos nosotras también de esa sed por la vocación personal que no se negocia.

¿Siempre quisiste ser arquitecto?
Sí, desde muy chico. Soy hijo de arquitectos. Mamá siempre eligió trabajar desde casa para poder estar con mis dos hermanos y conmigo. Yo jugué siempre con los Playmobil sobre sus planos. Y hay una anécdota muy graciosa de cuando era chico. Una vez, en el Jardín de Infantes me hicieron dibujar una casa. Todos dibujaron la casita con el techo a dos aguas, la chimenea, el humo y el perrito. Y yo la hice en planta. Entonces la maestra del Jardín la llamó a mamá y le dijo “tenés que venir; tu hijo no sabe dibujar una casa”. Yo no solamente había dibujado una casa sino que había dibujado mi propia casa en planta. Cuando mamá lo vio no lo podía creer.

¿Cómo surgió Agapornis?
Surgió entre amigos, con la idea de formar un grupo para tocar en los terceros tiempos de La Plata Rugby Club. Nuestra intención no era buscar un género musical sino divertirnos, y las cosas se fueron dando mucho más rápido de lo que imaginamos. Gracias a la viralización de videos en las redes sociales, Sony Music nos conoció y nos eligió para formar parte de su lista de artistas.

¿Alguna vez pensaste en dejar la Arquitectura por la música?
No, jamás. La banda es un disfrute, pero es una situación circunstancial, y por más que nos hayamos preparado para ser músicos y estar a la altura de las circunstancias, yo no me veo tocando la batería dentro de ocho años. Si bien la banda no la cambio porque hoy en día me gratifica, tengo en claro que lo que me gusta es la Arquitectura y es algo que desde chico anhelé hacer. Me acuerdo que mientras estudiaba, me propusieron ser docente ad honórem del curso de ingreso y lo hice durante cuatro años. Y durante el último estaba también con la banda. Tocaba y a la mañana siguiente iba a dar clases temprano. Y lo hacía porque es lo que me apasiona. Implicaba sacrificar cosas. Pero yo sabía que la vocación implica sacrificios y lo hice con gusto.

En tu vida en general, ¿cuál considerás que es tu mayor logro?
El libro Presunciones que hice junto a (el renombrado arquitecto) Vicente Krause. Me encanta. Es mi gran logro, al igual que la experiencia de trabajar con él. Fue más que haber hecho un master.

¿Cómo comienza tu historia con Vicente?
Hace unos años, los hijos de Vicente empezaron a insistirle en que pasara a formato digital sus escritos de años de Arquitectura para que no se perdieran. Era también una forma de mantenerlo activo. Pero él no sabía cómo usar una notebook. Así que un profesor mío de la facultad me ofreció ir a enseñarle cómo usarla para que luego pudiera tipear sus cosas. Para mí era una gran oportunidad de conocerlo. Vicente era mi ídolo; yo solía pedirle autógrafos cuando lo veía en la facultad. Y él se re entusiasmó conmigo, y yo por supuesto con él; fue una experiencia increíble. Cuando terminamos con las clases de computación le digo “bueno Vicente ya puede empezar a escribir”. Y saca una pila de papeles enorme, y cuando empezó a tipear, me di cuenta de que iba a tardar muchísimo tiempo. Entonces le ofrecí hacerlo yo mientras él me dictaba, en los ratos que tenía libres durante la semana. Y así estuvimos durante cuatro años.

¿En algún momento te desanimaste?
No, para nada. Es más, cuando veía que se iba bajando la pila de papeles, deseaba que se reprodujeran porque no quería que se terminara más. Cuando terminamos el libro, yo seguí yendo a lo de Vicente a visitarlo.

¿La idea de hacer el libro surgió desde un principio?
La idea del libro no estuvo nunca en realidad. Cuando terminamos de tipear, Vicente me dijo que guardara todo el archivo en un disco, que ya estaba listo. Y ahí le propuse hacer un libro. Pero él no quería. Es reacio a mostrarse.

¿Y cómo lo convenciste de hacerlo?
No lo convencí nunca. Lo hice yo. Llegó un punto en el que le gané por cansancio y me habilitó para que lo hiciera. Así que yo decidí qué entraba y qué sacaba de todo lo que había escrito mi gran maestro. Incluí poemas escritos por él. No tenía idea de cómo se hace un libro, pero sabía que lo quería hacer. Así que investigué, me asesoré con editoriales. Por otro lado, había que conseguir fondos. Fui al Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires y hablé con el Presidente del Colegio. Cuando le comenté que era Vicente el que estaba en cuestión, no dudó en darme el cheque para financiar el libro. Así salieron los primeros dos mil ejemplares.

¿Qué fue lo que más te gusto de trabajar con Vicente?
Aprender. Para mí Vicente es un motivador de vida, no sólo respecto a la Arquitectura. Con él hablaba de pesca y al día siguiente me iba a pescar. Lo que hables con Vicente te motiva; te atrapa lo que dice. Además, mientras me dictaba sus escritos, me preguntaba si había leído algunos libros sobre los que él hablaba. Y si le contestaba que no, iba a su biblioteca y me los traía para que los leyera para la próxima. Leer esos libros era más importante que rendir un final; él después me hacía preguntas. Así me tuvo durante cuatro años. Fue un entrenamiento. Leí lo que no había leído en mi vida.

¿Algún proyecto que tengas a corto plazo?
Quiero armar un estudio de Arquitectura con mi hermano, otro futuro arquitecto, y sumar a algunos chicos que conocí en concursos nacionales de Arquitectura. Y con respecto a la música, seguir componiendo. Me divierte mucho. También estoy por fundar una productora en los próximos meses. Un poco de todo.

Si alguien te pregunta cómo es un día en tu vida…
Ninguno es igual al otro. De hecho en casa no estoy casi nunca. No me gusta estar sin hacer nada.

¿Qué es lo que más disfrutás de la Arquitectura?
Me gusta la idea de generar un clima, de acondicionar un lugar, de generar ambientes. Cuando pienso en un lugar, lo hago siempre minuciosamente. Pienso en la comodidad y en el porqué de cada cosa.

¿Y de la música?
Me encanta tocar. La banda en muchos aspectos está buena. Tampoco quiero que termine. Pero sé que es un momento en mi vida y que lo voy a seguir haciendo siempre y cuando lo disfrute.

¿Qué mensaje le darías hoy a un chico de 18 años?
Que busque su vocación y que jamás la negocie, más allá de las circunstancias. Y una vez que la encuentre, que deje todo por ella. No hay nada más lindo que despertarte contento cada día para hacer lo que realmente te gusta. Creo que es importante encarar esa pasión siempre desde lugares distintos y proponiendo cosas buenas. Vicente solía decirme que no leyera solamente sobre Arquitectura, sino que matizara con otras cosas. Me mandaba a lijar madera, a jugar al fútbol, a pescar. En todas las cosas que hago encuentro un equilibrio en el que yo sé que mi pasión es la Arquitectura, pero todas las otras cosas condimentan a que la disfrute más.

¿Hay alguna persona cercana que sea un modelo para vos?
Soy muy observador de las distintas personas y trato de sacar las cosas buenas de cada uno. Quizás no hay un solo modelo, pero sí aprendo diferentes cosas. Por ejemplo, de mi mamá la practicidad y su forma de resolver problemas. De mi hermano mayor, las cuestiones de orden y de ética, de lo correcto. Trato de buscar un equilibrio y hacer un mix de la gente más cercana.

¿Cuál dirías que es tu mayor virtud?
La ambición, pero desde un costado positivo. La ambición por ser curioso, por aprender y por saber de todo. Me gusta prepararme cuando voy a hablar con otra persona y leer cosas variadas. En todas las cosas que hago, busco estar preparado.

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