Vivir en San Benito, con la laguna como protagonista
En 2011, cuando San Benito era apenas un terreno abierto y el paisaje parecía un páramo, esta familia vio algo más. Vio potencial. Vio futuro. Y decidió apostar.
La elección no fue casual. Querían naturaleza, agua, aire y horizonte. Querían construir no solo una casa, sino un proyecto de vida.
Desde el inicio, la entrada marcó identidad: un portón de hierro con aire toscano, acompañado por plantas y olivos que le dieron carácter y calidez. Un gesto arquitectónico que anticipa lo que sucede puertas adentro: una casa pensada para habitarse, disfrutarse y transformarse con el tiempo.
En el interior, el living se convierte en uno de los grandes protagonistas. Moderno y luminoso, con amplios ventanales que conectan con el paisaje, el espacio se organiza alrededor de una chimenea central que aporta calidez y se vuelve punto de encuentro para la familia. Un ambiente donde diseño y confort conviven en equilibrio.
La primera versión fue diseñada para tres. Hoy son cinco. Y como toda familia que crece, la casa también evolucionó.
La ampliación trajo un playroom imprescindible para la etapa adolescente, concebido como un gran espacio abierto con ventanales generosos. Porque aquí el exterior no es decorado: es protagonista. El verde, la luz y el reflejo del agua entran en cada ambiente.
Uno de los grandes aciertos fue recuperar y potenciar las visuales a la laguna. Con agua tanto al frente como al fondo del lote, y con el sol cayendo justo sobre ese espejo natural, era imposible no priorizar esas vistas. La planta alta se rediseñó para capturar ese privilegio y convertirlo en experiencia cotidiana.
También el dormitorio principal se amplió, sumando vestidor y mayor comodidad. Cada intervención respondió a una necesidad real, pero siempre respetando la esencia original: vivir conectados con el entorno.
Hoy, después de más de 15 años en San Benito, la familia lo tiene claro: no lo cambiarían por nada. El barrio creció, se consolidó, y aquel páramo inicial se transformó en un lugar vibrante y lleno de vida.
Porque en San Benito, el agua, el sol que cae sobre la laguna y el verde infinito no son solo paisaje. Se vuelven arquitectura, refugio y forma de vida.
📍 San Benito, Eidico