Una arquitectura que propone recorrer, sentir y habitar el bosque antes incluso de cruzar la puerta.
En Costa Esmeralda, donde el bosque y el médano definen el carácter del paisaje, el estudio Taranti Arquitectura desarrollo una casa que no busca imponerse, sino integrarse con sensibilidad y respeto.
La casa se eleva sobre el terreno natural y se organiza a partir de dos volúmenes conectados por un puente. Esta decisión no solo resuelve de manera clara la división entre lo público y lo privado, sino que también genera vacíos estratégicos que potencian la relación con el entorno. En esos espacios intermedios, el bosque se vuelve protagonista, filtrándose en cada visual y acompañando la experiencia de habitar.
El acceso es, en sí mismo, una declaración de principios. Antes de llegar a la casa, el recorrido invita a atravesar aproximadamente 30 metros de bosque, pasando por debajo del volumen principal. Este gesto desacelera el ritmo y propone una transición consciente: primero el paisaje, luego la arquitectura.
En los bordes de la casa aparece una reinterpretación del concepto japonés de “engawa”, entendido como ese espacio de transición entre interior y exterior. Lejos de recurrir a grandes superficies semicubiertas, el proyecto opta por extensiones más acotadas y precisas, que permiten aprovechar la sombra natural de los árboles y reforzar la conexión con el entorno sin artificios innecesarios.
Cada ambiente mantiene un vínculo directo y permanente con el exterior. En este sentido, la casa podría pensarse como un gran espacio intermedio, casi un semicubierto continuo. Sin embargo, las condiciones climáticas propias del lugar exigen resguardo, y es allí donde las amplias superficies vidriadas cumplen un rol clave: protegen sin interrumpir la relación con el paisaje.
La materialidad se expresa con honestidad. Cada elemento constructivo deja en evidencia su función, mientras que el trabajo de la mano de obra se percibe en los detalles, aportando una dimensión humana y tangible al recorrido.
En un entorno que invita a convivir con la naturaleza, esta casa en Costa Esmeralda logra materializar una idea clara: habitar el paisaje no es solo una intención, sino una experiencia que se construye paso a paso.
Gracias al estudio Taranti Arquitectura por abrirnos las puertas y guiarnos en el recorrido de esta casa que invita a habitar el paisaje desde una mirada sensible, donde arquitectura y naturaleza conviven en equilibrio.