Dr Seuss nos deleitó siempre con sus brillantes cuentos para niños. Y detrás de las historias más disparatadas, mensajes de sabiduría que queremos guardar bien adentro.

Texto: Milagros Lanusse

Un día cualquiera, un simpático y alegre elefante llamado Horton escucha, mientras se baña en la selva, una pequeña voz que proviene de una partícula de polvo. Es diminuta la voz y diminuto el mundo del que procede, pero lo cierto es que hay una ciudad entera allí adentro, en el Mundo de los Quién. Horton coloca la partícula en una flor y comienza un diálogo con el alcalde de aquella ciudad. En la versión animada le explica al pequeñísimo ser, descreído al principio, que él está sosteniendo toda esa ciudad en las manos: “Todo tu mundo cabe en una flor de mi mundo”.

Los otros animales de la selva consideran loco al elefante que habla con una flor, y quieren deshacerse de ella. Nadie le cree y nadie considera que sea necesario cuidar de algo tan pequeño e invisible; por el contrario, quieren acabar con aquello que podría traer inestabilidad a su mundo como lo conocen.

Tanto en los versos con los que el genial Dr Seuss construye su relato, como en la película que cuenta la misma historia, las palabras que provienen del inocente personaje resuenan como un eco en un mundo que se plantea el derecho a la vida. “Aunque no se vea, una persona es una persona, por más pequeña que sea” (o no importa su tamaño si lo traducimos de otro modo). El elefante repite esta frase una y otra vez a lo largo del relato. Defiende la vida de aquellos cuya voz no se escucha en una selva colmada de otros sonidos; sólo él puede oírlos con sus enormes orejas. Los oye, los cuida, los salva.

Pero Horton debe lograr que otros animales también lo escuchen, para que aquél pueblo no corra peligro de que lo destruyan. El alcalde del Mundo de los Quién convoca a que todos sus habitantes hagan mucho ruido, para que los del mundo de “afuera”, en la selva, puedan saber que existen, que son reales, que viven allí, por más pequeños que sean.

No se oye, no se siente, no se ve (si no es con un ecógrafo). Pero existe; vive. Y es una persona, no importa cuán pequeña. Una partícula ínfima que esconde vida en la misma proporción que quien la porta, aunque todo “su mundo quepa en una flor del otro mundo”. “Yo digo que si no puedes verlo, escucharlo o sentirlo, entonces no existe”, argumenta el canguro. “Tú no puedes oírlo con tus diminutas orejas”, responde el elefante. La verdadera estrechez está en el oído de quien no lo percibe, no en la existencia del ser vivo. ¿Quién es al final, el más pequeño? No es fácil de oír, pero eso no le quita entidad ni calidad de real, de vivo. Ínfimo, pero muy vivo. Y deshacerse de él es quitarle la vida a alguien, del mismo modo que lo es quitársela a alguien enorme, que se ve y se oye a la distancia.

 

No tienen voz dentro del vientre, pero nuestro “Mundo de los Quién” puede hacer mucho ruido. Unirse para que “los grandes” oigan claro y fuerte la vida que se esconde en aquella partícula invisible. Que en la selva de los mil ruidos podamos percibir a todos los “quién” que aguardan para salir (no para comenzar a vivir, porque YA están vivos) y podamos salvar a los que por su tamaño no pueden luchar. Porque, aunque no se vea, una persona es una persona, por más pequeña que sea.

Libro en inglés: https://www.nv.k12.wa.us/site/handlers/filedownload.ashx?moduleinstanceid=748&dataid=1269&FileName=Horton_Hears_a_Who.pdf

Libro en español: https://www.youtube.com/watch?v=TyKa5loZw5o

Película en español en Netflix: Horton hears a Who

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