Hay recetas que se guardan en libros y otras que sobreviven en hojas escritas a mano, con manchas de harina y el paso del tiempo. Esta torta de ricota pertenece a ese segundo grupo. Un clásico familiar que Trini Galarce volvió a preparar para compartir una receta que sigue tan vigente como el primer día.

Con una masa tierna y desgranada, un relleno bien cremoso y el perfume del limón, esta torta es perfecta para acompañar el desayuno, la hora del te o cualquier momento especial.

Ingredientes

Para la masa

  • 150 g de manteca fría
  • 300 g de azúcar
  • 260 g de harina 0000
  • 260 g de harina leudante
  • 3 huevos
  • Ralladura de 1 limón

Para el relleno

  • 1 kg de ricota
  • 200 g de azúcar
  • 100 g de queso crema
  • Ralladura de 1 limón

Azúcar impalpable, para terminar.

Preparación

Precalentá el horno a 150 °C.

Para la masa, mezclá la manteca fría, las harinas, el azúcar y la ralladura de limón hasta obtener un arenado. Incorporá los huevos y uní apenas hasta formar una masa. Es importante no amasarla de más para conservar una textura tierna.

    Dividí la masa en dos partes y estirá cada una entre dos hojas de film o papel film, dejándolas de aproximadamente 4 mm de espesor. Llevá ambas al freezer mientras preparás el relleno.

      Mezclá la ricota, el azúcar, el queso crema y la ralladura de limón hasta obtener una preparación homogénea.

        Enmantecá y enhariná un molde de 30 cm de diámetro. Forralo con una de las tapas de masa, distribuyendo bien la base y los bordes.

          Volcá el relleno y cubrí con la segunda tapa de masa. Sellá bien los bordes y realizá un pequeño corte en el centro para permitir la salida del vapor durante la cocción.

          Horneá a 150 °C durante 1 hora y 10 minutos.

          Dejá enfriar completamente antes de desmoldar.

          Terminá con una generosa lluvia de azúcar impalpable y disfrutá.

          Hay sabores que nos conectan con quienes estuvieron antes que nosotros. Esta torta de ricota es uno de ellos: simple, casera y llena de historia. Una receta que merece seguir ocupando un lugar en la mesa familiar y pasando de generación en generación.

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