Columna: Maritchu Seitún

Maritchu Seitún es psicóloga especializada en niños y orientación para padres. Es referente en temas asociados a la crianza de los hijos, sus límites, la educación en casa y la tecnología en la vida de los chicos. Escribió varios libros y su último título es “Criar hijos confiados, motivados y seguros” de Editorial Grijalbo. Con el propósito de ayudar a transitar una paternidad responsable y feliz, Maritchu escribe artículos en varios medios y el año pasado incursionó en Charlas Ted con muchísimo éxito. Estamos muy contentos de tenerla este año con nosotros. Maritchu inaugura nuestro canal en Soundcloud y sus audios pretenden ser compañía en viajes en auto y momentos de reflexión y aprendizaje. Para arrancar, cómo manejar las rutinas y los programas de los chicos durante el verano. ¡Bienvenida Maritchu!

Toda la familia espera ansiosamente la llegada de las vacaciones: basta de horarios, de tareas, de obligaciones. Pero… ¿es así? A los pocos días, con mucho dolor, descubrimos que no tanto.

Aunque pongamos mucha flexibilidad, los chicos piden más: mamá dice “a las once se levantan para arreglar la casa” “¡No! ¡A las doce!” retrucan ellos. “Pantallas a la noche”, “¡No! ¡En cualquier horario!”. “Ordená el cuarto”, “pasate el peine fino”, “poné la mesa”, “¡No! son vacaciones”. La eterna pelea.

Todos estamos de vacaciones: adultos, niños y adolescentes y, nos guste o no, siguen vigentes muchas cuestiones del resto del año:

– Que la libertad de los hijos termina donde empieza la de sus padres;

– Que los padres no somos sus esclavos ni estamos a su plena disposición;

– Que los adultos no tenemos energía inagotable;

– Que también tenemos derecho a ratos de diversión y de esparcimiento.

Si nosotros mismos no lo tenemos claro es difícil que se lo hagamos entender a nuestros chicos. Se trata de que no hagamos más cosas de las que de verdad podemos y de que empecemos a decir que no antes de quedarnos sin energía y desear tomarnos vacaciones de las vacaciones, ¡y sin hijos!

Convirtamos las rutinas en rituales. Cocinar juntos, jugar a los dados después de comer y ordenar la mesa, ver películas en familia, ir a tomar un helado a la noche. Los chicos van a repetirlos cuando crezcan.

Hagamos convenios con nuestros hijos: qué hacemos nosotros y qué esperamos de ellos. Armemos un equipo con responsabilidades de acuerdo a edades y posibilidades. Preparar los sándwiches, poner la mesa, bajar las compras del auto, llevar la ropa sucia al lavadero.

Al tener más tiempo disponible, nos es más fácil ocuparnos de que esos pedidos se conviertan en hábitos. Dejar las camas sin hacer es todo un entrenamiento para madres prolijas y ordenadas, pero es el mejor camino para que los chicos se hagan cargo del tema.

También haremos convenios para los horarios de salidas, las invitaciones de amigos, el uso de la tecnología. Vale la pena que Juanita de seis se enoje un poco porque todavía no puede quedarse a dormir en lo de una amiga y, en cambio, su hermana Tere de once sí pueda. Esto le da a Juanita un buen motivo para querer crecer, porque no solo se crece en responsabilidades sino también en derechos y en permisos, que iremos concediendo gradualmente.

Es importante que estemos atentos y seamos más vivos que ellos, y al descubrir sus intentos de “pasar” nuestras pautas, saber que no lo hacen porque son deshonestos, tramposos o futuros delincuentes, sino porque son chicos, se dejan llevar por otros o quieren pasarla bien sin reglas.

Estemos atentos a la ilusión (o fantasía) de omnipotencia que podría hacernos creer que a nuestros hijos no les pasará nada. La omnipotencia nos lleva a no averiguar antes de decidir y nos dejamos llevar por la corriente: si todos lo hacen, ¿por qué no mi hijo? Tenemos miedo a decir que no para no frustrarlos.

Al mismo tiempo, ellos tienen que tomar decisiones, equivocarse incluso, y aprender de la experiencia. Cometer errores pequeños, de bajo riesgo junto a nosotros y pagar esas consecuencias a modo de aprendizaje.

Recordemos que los primeros días de vacaciones en familia son irremediablemente difíciles. No estamos acostumbrados a estar todos juntos, hay que acomodarse a compartir espacios y habituarnos a estar juntos todo el día. A los pocos días la tormenta pasa y podemos disfrutar de las vacaciones.

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