Por su abuela descubrió lo que llevaba bien adentro y buscó la forma de hacer su propio camino. La obra de Fede Ibañez habla de sí mismo exponiendo miedos, recuerdos, inseguridades, la simpleza de la vida y la eternidad de lo simple. Pero, sobre todo, su arte habla de su propia esencia, en un intento por entender la complejidad de la vida. 

«Una luz en Asís», acrílico sobre tela 0,50 x 0,60 cm

La observación fue el puntapié de su obra y de su arte. Se recuerda mirando cada pincelada, cada combinación que salía del pincel de su abuela, una gran artista plástica. Y en el fondo, sabía que en algún momento volvería a ese ruedo que significaba mucho más que un momento de distracción y recreo. Pero con los años, Fede Ibañez, @fede.iba en IG, dejó a un lado esa cantidad de estímulos recibidos que le decían que por ahí había una linda faceta a explorar. Sería sólo por un tiempo.

«Botes en el Rio», técnica mixta sobre tela, 0,60 x 0,45

Durante la carrera de arquitectura, volvió a llamar a la puerta esa intuición artística. Esta vez no dejaría pasar la oportunidad. Al terminar la carrera en 2013, empezó a frecuentar el taller de Luchi Sanguinetti para perfeccionar su técnica y afianzar su estilo. Acá empezó todo y ya nunca más frenó. El arte es un camino de ida que lo acompañaría siempre. “No me sale pensarlo como un emprendimiento, lo siento más como un espacio de creación”, nos cuenta.

Desde adentro

Con los años también llegaron las definiciones. El arte de Fede es fundamentalmente abstracto, donde la regla principal es encontrar el equilibrio entre color y composición. Con procesos siempre únicos, sus obras inician, en general, como una búsqueda en la que el resultado nunca se basa en una imagen previa. El camino se va resolviendo en el andar, con la paleta de colores como guía y protagonista.

«Respirar», acrilico sobre tela, 0,92 x 0,75

“La inspiración puede venir de adentro o de afuera, y en ese sentido siempre tiene algo de misterio. Contemplar la naturaleza me inspira, y por eso creo que muchos de mis trabajos rememoran paisajes. Pienso el trabajo artístico como un mirar hacia afuera, que atraviesa el adentro y sale nuevamente como creación”, relata sobre ese engranaje ineludible. 

«Agua», acrílico sobre tela, 0,55 x 0,50

Cuando el arte salva

El trabajo de arquitecto tiene una cierta organización, al contrario de la rutina artística que es desestructurada y libre, pero que es justamente ahí donde radica su valor. Fede intenta que el arte sea parte de lo cotidiano. Este año pudo pintar muchísimo más, y en la galería, en contacto con el afuera, ingrediente esencial en todo su proceso creativo, se fue redescubriendo. 

“Pienso y siento el arte como un proceso muy sagrado. Cuando pinto estoy conectado con algo más profundo, y todo lo que me pasa se va volcando. El ruido mental de pensamientos se detiene y queda afuera. Para mi es una tarea profundamente sanadora, el arte salva”, termina. 

«Espacio», acrílico sobre tela, 1,15 x 0,70

Pintar para vivir

Pintar es un poco desnudar el alma para sanar, para apropiarse del pedacito de mundo que nos tocó, y para entendernos entre tanto laberinto. Y gracias a esto, la vida se decodifica. Si de agradecimientos hablamos, el primero es para su abuela que sembró en él un mundo de oportunidades con sólo su ejemplo. Años después, su mamá lo impulsó a desarrollar esas habilidades innatas en un taller, y para ella también va la gratitud. Y por supuesto, los amigos también merecen lo suyo. Esos primeros observadores fueron los que alentaron su obra, le dieron vida y lo animan a seguir por este camino. 

«Transformación», acrílico sobre bastidor, 0,90 x 0,60

Mientras va pincelando su propio universo, Fede ofrece eso que va creando a través de su cuenta de IG @fede.iba. Además, hace obras por encargo, según medidas y paleta de colores elegidas en conjunto con el cliente. El arte no es sólo su cable a tierra, sino una forma de elegir mirar el mundo.

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